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Paloma Valencia y el debate sobre qué significa elegir la primera mujer presidenta de Colombia

Fuente: Periódico La Guajira

Un análisis sobre la importancia histórica de elegir a una mujer presidenta en Colombia después de más de 200 años de república, pero enfatizando que lo relevante no es solo el género sino las propuestas concretas para mejorar la vida de las mujeres. Se presentan cinco ejes de política pública enfocados en vivienda, protección contra la violencia, empleo juvenil, emprendimiento y educación inicial.

Después de más de dos siglos de historia republicana sin que una mujer haya ocupado la presidencia de Colombia, la posibilidad de romper ese techo de cristal representaría un punto de quiebre importante para el país. No se trata únicamente de un reconocimiento simbólico, sino de un mensaje que resonaría en las nuevas generaciones y un justo tributo a las mujeres que han dedicado su vida a reivindicar sus derechos en territorio nacional.

Sin embargo, la pregunta que realmente importa va más allá del hecho histórico: ¿qué estará dispuesta a hacer una mujer presidenta por mejorar efectivamente la vida de las mujeres colombianas? Esta es la brújula que debe guiar cualquier decisión electoral consciente. No se trata de elegir por elegir, sino de evaluar propuestas concretas que respondan a los desafíos reales que enfrentan las mujeres en el país.

En el terreno de la vivienda, se plantea un millón de nuevas casas con un giro fundamental: escrituradas directamente a nombre de la mujer. La intención es clara: no solo ofrecerle un techo a la familia, sino empoderarla económicamente en un acto que reconoce su rol como pilar del hogar. En materia de violencia, el panorama es urgente. En la primera mitad de 2024 se registraron más de 50.000 casos de violencia de género contra mujeres, representando el 75,6 por ciento de los casos reportados. La propuesta incluye crear 100 juzgados especializados bajo el modelo "una familia, un solo juez" con acompañamiento integral para construir autonomía económica en las víctimas.

El empleo es otro frente crítico. Los datos son contundentes: la tasa de desempleo femenino cerró 2025 en 10,1 por ciento, casi cuatro puntos por encima del 6,4 por ciento registrado en los hombres. Se propone un subsidio del 30 por ciento del salario mínimo durante 12 meses para empresas que contraten jóvenes entre 18 y 28 años, con prioridad para mujeres jefas de hogar. Adicionalmente, el emprendimiento femenino requiere un impulso directo: el 30,4 por ciento de las mujeres mayores de 15 años no tiene ingresos propios, comparado con apenas el 11,7 por ciento de los hombres. Se plantea invertir dos millones de pesos por emprendimiento liderado por mujeres como capital semilla.

El cuidado es quizás el factor más invisibilizado. Las mujeres destinan en promedio el 17,6 por ciento de su tiempo a labores de cuidado no remunerado, más de tres veces lo que dedican los hombres. Ampliar la cobertura de educación inicial, implementar subsidios directos y formalizar mujeres cuidadoras son medidas que buscan liberar tiempo y oportunidades para que las mujeres accedan a educación y empleo. Esto cobra mayor urgencia considerando que el 36,1 por ciento de las mujeres cabeza de hogar vive en pobreza.

Lo que emerge de estas propuestas es un intento de ir más allá del simbolismo. La pregunta central sigue siendo: ¿cuál es el compromiso real con políticas públicas que transformen las condiciones materiales de vida de las mujeres colombianas? Esa respuesta concreta es la que debe pesar en las decisiones de quienes buscan una presidencia que no solo haga historia por ser ocupada por una mujer, sino que efectivamente trabaje por cambiar la realidad de millones de compatriotas.

Fuente original: Periódico La Guajira

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