'Pabi': el artista que convirtió su pasión en profesión y ahora pinta para celebridades
'Pabi' es un artista urbano colombiano que desde niño supo que sería pintor. Comenzó decorando negocios locales en los años 90 y hoy trabaja con figuras del reggaetón como Ryan Castro, diseñando piezas que llegan a millones. Para él, el arte no es un sacrificio sino una forma de vida dedicada a dar felicidad a través del color.
En algún momento de su infancia, 'Pabi' ya tenía clara su misión en la vida: sería el artista de su familia. Esa certeza lo llevó a recorrer un camino marcado por la disciplina y la pasión, pasando de pintar los negocios del barrio hasta colaborar con los nombres más importantes del género urbano actual.
El apoyo de un vecino que no podía pronunciar bien la palabra "papi" terminó dándole el nombre que hoy lo conoce todo el mundo del arte. Así nació su identidad como artista, la que lo acompañaría en cada proyecto.
Su despegue profesional llegó a principios de los años 90, cuando consiguió su primer encargo: pintar una licorería. El detalle de su trabajo era tan minucioso que incluso logró retratar las gotas de una lata de cerveza real. Con ese primer trabajo ganó un millón de pesos en una época donde el salario mínimo apenas llegaba a 40.000 pesos. Así consolidó su reputación en el oficio.
Uno de los puntos de quiebre en su carrera ha sido la amistad con Ryan Castro, a quien conoce desde que eran jóvenes. Esta conexión le abrió puertas que pocas veces se cierran: se convirtió en el diseñador y pintor oficial del equipo de trabajo del cantante. Su arte ha aparecido en videos que circulan internacionalmente, aunque 'Pabi' prefiere mantener un perfil bajo, sin buscar protagonismo. Recientemente diseñó la camisa que Ryan Castro usó en uno de sus videos más recientes, demostrando que su pincel es una herramienta clave para que otros brillen.
Lo curioso es que 'Pabi' nunca ha visto el arte como un sacrificio. "Me pagan por darles felicidad. Es que esa es la vida mía: me pagan por darles felicidad", dice el artista. Recuerda con orgullo cómo se montaba en los buses del barrio cargando un compresor viejo con tal de llegar a tiempo a sus encargos, movido únicamente por la satisfacción de ver a sus clientes disfrutar del resultado final.
Para él, su profesión es mucho más que dinero: es una misión de vida. Cada pincelada que deja en una pared o en una pieza es su forma de transformar el entorno y seguir esparciendo alegría a través del color.
Fuente original: Telemedellín


