Obras de la Séptima prometen recortar 40 minutos en viajes del norte: del sueño del bogotano a la realidad

Las obras que comenzaron en marzo en la carrera Séptima de Bogotá buscan reducir el tiempo de viaje de 65 a 25 minutos entre la calle 200 y la 100 cuando terminen en 2029. El proyecto de 1,85 billones de pesos avanza en tres frentes simultáneos, con garantía de dos carriles mixtos en todo momento. El IDU reconoce que hallazgos arqueológicos podrían alterar plazos pero descarta suspensiones totales, y planea alivios de tráfico a través de obras complementarias como la carrera Novena.
Hace casi una década que los bogotanos que viven en el norte de la ciudad hacen filas en la carrera Séptima. Ahora, cuando terminen las obras en 2029, ese viaje que hoy consume una hora completa entre la calle 200 y la 100 se reducirá a poco más de veinte minutos. Son más de cuarenta minutos ganados por recorrido, lo que equivale a casi dos horas diarias para quienes viajan ida y vuelta. El director del Instituto de Desarrollo Urbano, Orlando Molano, hizo esta promesa durante una visita a los frentes de trabajo que iniciaron formalmente el 30 de marzo.
La promesa viene con un costo considerable: 1,85 billones de pesos en una obra que fue contratada a finales de 2023 bajo la administración de Claudia López. Pero más allá de las cifras, lo que se mueve es un proyecto que intenta cambiar el patrón de movilidad de cerca de 133.000 pasajeros diarios de transporte público y cientos de miles de conductores particulares que transitan diariamente por ese corredor.
Lo que sorprende del proyecto es que antes de que comenzaran las excavadoras, el IDU gastó veinte meses en la fase de preconstrucción, el doble de lo que estaba estimado. Esos meses adicionales no fueron desperdicio. Fueron invertidos en resolver todas las complicaciones que suelen paralizar las obras a mitad del camino: sincronizar con Acueducto, coordinar con empresas de servicios, identificar dónde cruzan todas las redes subterráneas. "Básicamente Acueducto, todo el tema de alcantarillado, de redes, con empresas secas, todo eso lo hicimos en la etapa de preconstrucción", explicó Molano.
Ahora la construcción avanza sobre tres grupos simultáneos. El primero va de la calle 99 a la 127, el segundo de la 127 a la 180 y el tercero de la 133 a la 200. Cada uno tiene un plazo estimado entre treinta y dos y treinta y seis meses, con garantía de mantener dos carriles mixtos abiertos en todo momento, aunque hoy circulan tres. Para acelerar los trabajos en el primer grupo este año habrá al menos seis frentes abiertos simultáneamente. El gran riesgo que ya está previsto son los hallazgos arqueológicos. El director fue directo: "La obra no se suspende". Lo que cambia es la metodología específica en el tramo donde aparezca material arqueológico, una eventualidad ya incluida en el contrato con protocolos listos para activarse.
Para evitar que la ciudad se colapse mientras avanzan las obras, el Distrito respaldará la construcción con un plan de alivios escalonados. La carrera Novena, que estará completamente lista antes de junio, absorberá parte del tráfico. Lo mismo harán obras como Canal Córdoba y el puente de la calle 153. Nueve rutas de Transmilenio cambiarán de trayecto, sacando más de cincuenta buses del corredor durante los trabajos de mayor impacto. La apuesta del Distrito es que todas estas piezas funcionen en sincronía, porque si alguna falla al mismo tiempo que los frentes principales estén en plena operación, los nudos de tráfico podrían tornarse inmanejables.
Una de las decisiones más costosas fue incorporar la tecnología de pipe jacking, un método de tuneladora que permite hacer excavaciones por debajo sin abrir zanjas en la superficie. Ese cambio tiene un costo adicional de más de 200.000 millones de pesos pero permite ahorrar casi dos años de trabajo, según el director. Sin este sistema, el proyecto habría tardado significativamente más tiempo con las molestias tradicionales de zanjas abiertas que rompen andenes, generan escombros y paralizan el tráfico durante meses.
Junto con los tiempos prometidos viene un plan ambiental de mayor alcance del que suele acompañar proyectos viales en Bogotá. Más de 400 árboles enfermos recibirán mantenimiento, 600 ejemplares nativos serán trasladados, y por cada uno de los aproximadamente 1.500 que se talen, se plantarán más de tres nuevos, sumando más de 4.300 árboles en total. Además, se instalarán casi 400 sistemas de drenaje urbano sostenible para atacar un problema crónico de inundaciones en el corredor, y el espacio público pasará de 200.000 a casi 400.000 metros cuadrados con andenes amplios, zonas verdes y accesibilidad para personas con movilidad reducida.
Fuente original: Portafolio - Economía