Murió Totó la Momposina a los 85 años: Colombia pierde su voz más pura del folclore
Sonia Bazanta Vides, conocida mundialmente como Totó la Momposina, falleció a los 85 años dejando un legado inmenso en la música folclórica colombiana. Durante más de cinco décadas llevó ritmos como la cumbia, el bullerengue y el mapalé a los escenarios más prestigiosos del mundo. Su partida marca el fin de una era para la cultura caribeña y nacional, aunque su voz seguirá resonando en la memoria de quienes la escucharon.
Se fue una de las voces más emblemáticas que haya tenido Colombia. Totó la Momposina, cuyo nombre de pila era Sonia Bazanta Vides, murió a los 85 años, según confirmó su manager Carolina Gotok. Con su partida, el país pierde a una de sus mayores representantes de la música folclórica, aquella que supo llevar los ritmos del Caribe colombiano a los rincones más lejanos del planeta.
Durante más de cinco décadas, desde 1964, Totó dedicó cada fibra de su ser a rescatar y mantener viva la tradición musical de nuestras tierras. No era simplemente una cantante o bailarina; fue una investigadora apasionada que recorrió pueblos enteros del Caribe para beber de las tradiciones orales y absorber los ritmos que heredamos de nuestros ancestros. Su trabajo fue un acto de amor hacia las raíces que muchas veces ignoramos o queremos olvidar.
Lo que la hizo única fue esa capacidad casi mágica de subirse a un escenario con su voz potente y su carisma innegable, e hipnotizar auditorios en París, Nueva York, Tokio o cualquier otro lugar. La cumbia, el bullerengue, el mapalé y el porro dejaron de ser ritmos locales cuando ella los interpretaba; se transformaban en mensajes universales de identidad, resistencia y alegría. Llevó los sonidos afroindígenas y campesinos de Colombia al corazón de Europa, Asia y América, demostrando que nuestra música tradicional tenía una dignidad que merecía ser celebrada en cualquier rincón del mundo.
Totó fue mucho más que una artista. Fue el rostro vivo de la alegría colombiana, la guardiana de una identidad que en ocasiones parecía perdida. Estuvo presente en momentos históricos trascendentales, como cuando acompañó la entrega del Premio Nobel a Gabriel García Márquez en 1982. Su presencia en esos espacios no era casualidad: ella era la prueba viviente de que Colombia no es solo literatura o política, sino una sinfonía de culturas que merecen respeto y admiración.
Ahora los tambores suenan con nostalgia, pero su espíritu seguirá latiendo en cada cumbia que se baile, en cada mapalé que se interprete, en cada generación que descubra sus grabaciones. Totó la Momposina se va, pero su legado quedará marcado de forma indeleble en la historia cultural de este país, recordándonos siempre que la música tradicional es el latido más auténtico de lo que somos. Buen viaje, maestra.
Fuente original: Minuto30


