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Murió 'Bejuco': el chofer de buseta que fue superhéroe silencioso de Villanueva

Fuente: Diario del Norte

Gustavo Barranco, conocido en todo Villanueva como 'Bejuco', falleció dejando un legado que trascendió su trabajo como conductor de buseta escolar. Durante años fue parte fundamental de la infancia de generaciones de estudiantes del Colegio Los Ángeles, enseñando valores a través de su puntualidad, respeto y dedicación diaria. Su presencia constante marcó profundamente la vida de muchos que hoy lo recuerdan como una figura que, sin saberlo, educaba desde lo simple y cotidiano.

Cuando cierro los ojos, el recuerdo vuelve exactamente igual a como fue: esas mañanas de infancia donde todo comenzaba con un sonido que reconozco sin equivocarme, el pito de la buseta anunciando que había llegado. No era solo un aviso; era una emoción que me hacía correr a la puerta con el uniforme puesto y el morral al hombro, con esa prisa bonita de no hacerlo esperar. Y ahí estaba siempre, puntual y tranquilo, con una sonrisa que daba confianza sin necesidad de palabras. Era el señor Gustavo, 'Bejuco' para todo Villanueva, y para muchos de nosotros, un verdadero superhéroe al volante.

De niña no dimensionaba lo que significaba realmente. Los niños no entienden la grandeza de lo cotidiano. Pero el tiempo tiene una manera de revelar lo esencial, y hoy sé que su presencia fue formadora. El señor Gustavo no solo conducía una buseta; sostenía, sin proponérselo, una parte importante de la infancia de todo un pueblo. Cada trayecto hacia el Colegio Los Ángeles, que hoy se acerca a celebrar 40 años de historia, era también un recorrido silencioso por los valores que realmente construyen la vida: el respeto, la puntualidad, la paciencia, la educación de saludar, de agradecer, de convivir. Mientras nos llevaba a estudiar, nos enseñaba, desde lo simple y lo constante, lo que significa ser persona.

En esa historia del colegio que marcó a generaciones enteras, no se puede olvidar a quienes como él hicieron posible que cada día comenzara. Porque hay personas que no están en el aula pero también educan. 'Bejuco' fue una de ellas: un hombre trabajador, cercano, firme en su rutina, que no necesitó títulos ni protagonismo para dejar huellas profundas en la vida de tantos niños que crecimos bajo su cuidado cotidiano. En esa misma historia coincidía otra presencia icónica, la 'seño' Ángela, fundadora y directora del Colegio Los Ángeles, una mujer que dejó una marca imborrable en la educación de Villanueva. Hoy, cuando el colegio se acerca a sus 40 años, su legado sigue vivo, y en esa historia de origen y vocación, aunque desde lugares distintos, coinciden dos presencias que ya no están pero que siguen siendo fundamentales.

Duele aceptar que el señor Gustavo ya no está. Duele porque no se fue solo un hombre conocido; se fue una presencia que acompañó la infancia de muchos, que hizo parte de la rutina de un pueblo y que, sin saberlo, dejó enseñanzas que el tiempo no borra. Pero junto al dolor aparece con fuerza la gratitud de haber coincidido con alguien que hizo tanto desde lo sencillo. Hay quienes pasan por la vida sin dejar rastro, y hay quienes, como él, dejan huellas bonitas que permanecen para siempre en la memoria de quienes tuvimos la fortuna de cruzarnos en su camino.

A toda su familia, en especial a la señora Ruth, Carmen y 'Tite', los acompaño en su dolor, pero también en ese reconocimiento silencioso de todo un pueblo que sabe lo que el señor Gustavo significó. Porque hoy, más allá del adiós, queda su legado: ese que vive en cada saludo aprendido, en cada gesto de respeto, en cada recuerdo de infancia que comienza inevitablemente con el sonido de una buseta y la certeza de que alguien estaba allí, todos los días, cumpliendo su misión y llevándonos a aprender.

Para Villanueva será siempre 'El Bejuco' Gustavo Barranco. Pero para mí seguirá siendo ese superhéroe silencioso que nos enseñó, sin darse cuenta, que la grandeza no está en lo extraordinario, sino en la forma en que se hacen, todos los días, las cosas más simples. Y cuando cierro los ojos, todo vuelve: la mañana, la prisa, la puerta abierta y ese pito que no solo anunciaba su llegada, sino que marcaba el inicio de nuestros días. Son esos recuerdos los que hoy, incluso al despertar, siguen llenando el alma de alegría, los que nos sacan una sonrisa sin darnos cuenta y nos empujan a vivir con ganas, a dar lo mejor de nosotros, tal como lo hacíamos de niños, con esa emoción intacta de empezar cada día.

Fuente original: Diario del Norte

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