Misiles, aviones y drones: las armas que buscan romper el punto muerto en la guerra de Ucrania

A cuatro años del inicio de la invasión rusa, ninguna de las partes ha logrado una victoria decisiva y las negociaciones de paz no avanzan. Ambos bandos apuestan por nuevas tecnologías: Ucrania desarrolla sus propios misiles de largo alcance y lidera en producción de drones, mientras Rusia moderniza sus aviones de combate y aumenta la fabricación de armas no tripuladas. La inteligencia artificial emerge como el próximo campo de batalla.
En menos de dos semanas se cumplirán cuatro años desde que Rusia invadió Ucrania a gran escala. Lo que en principio parecía una guerra corta se ha convertido en un conflicto largamente enquistado sin final aparente. Las conversaciones de paz patrocinadas por Estados Unidos apenas han avanzado, y aunque el presidente estadounidense Donald Trump presiona desde hace más de un año para alcanzar un acuerdo, los intentos han fracasado hasta ahora.
Mientras la diplomacia se estanca, ambas potencias continúan perfeccionando sus arsenales. Ucrania ha perdido terreno gradualmente frente a Rusia en un frente que supera los mil kilómetros, y ahora apuesta cada vez más por atacar la economía de guerra enemiga para frenar el avance. Rusia, por su parte, sigue golpeando la infraestructura energética ucraniana provocando apagones masivos durante el crudo invierno. En este contexto de punto muerto táctico, surge una pregunta inevitable: ¿existe algún arma nueva lo suficientemente poderosa para inclinar la balanza definitivamente hacia uno u otro lado?
En el terreno de los misiles, la pugna es clara. Ucrania ha dependido de armas occidentales como los balísticos Atacms estadounidenses y los cruceros Storm Shadow anglo-franceses, pero decidió no depender únicamente de sus aliados. Desarrolló el Flamingo, un misil de crucero de largo alcance que puede alcanzar objetivos a 3 mil kilómetros de distancia a velocidades de hasta 900 kilómetros por hora. El Flamingo representa un cambio estratégico importante: al ser de producción nacional, Ucrania puede emplearlo contra cualquier objetivo sin restricciones que les impongan sus socios occidentales.
Rusia respondió con el Oreshnik, un misil balístico con alcance de hasta 5 mil 500 kilómetros. Su característica más desestabilizadora es su velocidad: entre 2,5 y 3 kilómetros por segundo, según afirmó el presidente Putin en 2024. Esta velocidad extrema hace que sea casi imposible interceptarlo. Rusia lo ha empleado al menos dos veces: en la ciudad de Dnipro en noviembre de 2024 y en Lviv en enero de 2026. El arma se fragmenta en vuelo creando múltiples explosiones con segundos de diferencia.
En el aire, la batalla es entre generaciones tecnológicas distintas. Ucrania ha recibido aproximadamente 45 de los 90 cazas F-16 prometidos por países de la OTAN. Un piloto ucraniano los describió de manera elocuente como "un smartphone al lado de un móvil antiguo con teclado" comparados con los MiG-29 soviéticos que pilotaban antes. Los F-16 son versátiles, fáciles de mantener y capaces de llevar casi cualquier arma estándar de la OTAN. Se han empleado con éxito especialmente en defensa aérea: en diciembre de 2024, un piloto ucraniano derribó seis misiles de crucero rusos en una sola misión.
Rusia posee una flota aérea incomparablemente mayor, considerada la segunda más poderosa del mundo después de la estadounidense. Sus cazas de la familia Sukhoi (Su-30, Su-34, Su-35) están equipados con radares modernos y misiles aire-aire de largo alcance como el R-37, con capacidad de fuego más allá de 200 kilómetros. Sin embargo, la estrategia aérea ha cambiado dramáticamente. Los combates aéreos clásicos son ahora extremadamente raros. En su lugar, ambas fuerzas realizan ataques terrestres con misiles y bombas desde grandes distancias, evitando adentrarse en territorio enemigo donde podrían ser derribados por sistemas de defensa aérea como el Patriot.
Los drones se han convertido en el arma más transformadora de esta guerra. Ucrania es ahora líder mundial en desarrollo de sistemas no tripulados, produciendo alrededor de cuatro millones de unidades anuales. La Operación Spider-web del año pasado demostró su sofisticación: más de 110 drones ucranianos con visión en primera persona fueron infiltrados en Rusia para atacar cuarenta bombarderos estratégicos. También han empleado con éxito drones navales que han hundido múltiples buques de guerra rusos. El FP-1, un dron barato y rápido de fabricar, puede alcanzar Moscú.
Rusia está acelerando su propia producción de drones, creando un nuevo comando dedicado a los sistemas no tripulados. Produce aproximadamente 3 mil drones Geran (versión rusa del iranísimo Shahed) mensuales, lanzando un promedio de 175 de estos drones diarios durante el verano y otoño de 2025, dirigidos principalmente contra ciudades, infraestructuras civiles y militares ucranianas. Sin embargo, enfrenta una desventaja crítica en conectividad: dependía de los satélites Starlink de Elon Musk para navegación, pero Musk ha limitado deliberadamente el acceso ruso. Su sistema satelital propio de Gazprom Space es mucho más limitado, lo que compromete la confiabilidad operativa.
Mirando hacia el futuro, la inteligencia artificial emerge como el próximo campo de batalla. Tanto Ucrania como Rusia están desarrollando drones con capacidad de objetivo autónomo. El ministro de Defensa ucraniano ha confirmado que estos avances ya están en marcha, aunque aún no existe un arma completamente operativa con inteligencia artificial plenamente funcional. Si Ucrania logra implementarla con éxito, incluso los drones pequeños y baratos multiplicarían su efectividad dramáticamente. Rusia está haciendo desarrollos similares, pero por ahora ambas potencias aún están escribiendo los capítulos iniciales de esta nueva carrera tecnológica.
Fuente original: BBC Mundo - Economía