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Ministro Sanguino pide al ELN verdad y restos de su hermano, ejecutado hace 40 años

Fuente: El Colombiano - Colombia
Ministro Sanguino pide al ELN verdad y restos de su hermano, ejecutado hace 40 años
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El ministro del Trabajo Antonio Sanguino hizo pública una dolorosa historia familiar: su hermano Juan Antonio fue ejecutado por el ELN en 1986 durante un "juicio revolucionario" donde lo acusaron de ser informante del Ejército. Cuatro décadas después, sin respuestas ni restos, el funcionario pide públicamente al grupo guerrillero que entregue la verdad, los restos mortales y un perdón. La solicitud llega en el marco del Día Nacional de Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado.

Dos hermanos del Cesar que eligieron caminos distintos. Antonio Sanguino se formó en movimientos estudiantiles y luchas políticas desde joven, transitando por colectivos de pensamiento. Juan Antonio, en cambio, tomó la ruta de la lucha armada y se enlistó en el ELN. Esa decisión lo llevaría a la muerte en 1986, una tragedia que aún hoy, cuarenta años después, permanece envuelta en el silencio.

La trayectoria política de Antonio lo llevó desde Valledupar, donde fue fundador de la Federación de Estudiantes del Cesar, hasta la Universidad Industrial de Santander. Allí se vinculó a movimientos estudiantiles conectados con sectores de izquierda. Para principios de los noventa, Antonio hacía parte de la Corriente de Renovación Socialista, una escisión del ELN que en 1994 logró un acuerdo de paz en Flor del Monte, Sucre, desmovilizando a 865 combatientes. Fue uno de los primeros intentos de reintegración a la vida civil para excombatientes en el país.

Pero antes de esa desmovilización, Antonio enfrentaría el golpe más duro de su vida. En 1986 se enteró de que su hermano había estado en reuniones clandestinas con contactos del ELN en Bogotá. Juan Antonio le llamó para decirle que lo visitaría en Bucaramanga. "el regreso nunca ocurrió", escribió el ministro en una carta abierta años después. Ese junio, Juan Antonio fue a una reunión con la guerrilla donde, sin aviso previo, lo sometieron a lo que llamaron un "juicio revolucionario". Lo acusaban de ser un presunto informante del Ejército Nacional. Al final del proceso, lo ejecutaron.

Según relató el propio Sanguino, su hermano se dirigía hacia una escuela guerrillera del Frente Camilo Torres en el sur del Cesar, como requisito para asumir un cargo en la Dirección Regional del ELN de la Capital, puesto que había recibido meses antes. Un miembro de la Dirección del Frente de Guerra Nororiental le contó después lo ocurrido. Para el ministro, aquel "juicio" fue simplemente "sumario e injusto".

Lo que más duele es el silencio. Durante cuatro décadas, a pesar de múltiples diálogos entre el ELN y el Estado, Antonio nunca supo la verdad completa de lo que pasó ni dónde terminó el cuerpo de su hermano. "Nunca se me aportó verdad de los hechos, ni mucho menos se entregó el cuerpo de Juan o se me informó el sitio de ubicación del mismo. Este silencio ha permanecido, a pesar de los múltiples procesos de diálogo adelantados en los últimos 40 años entre el ELN y el Estado Colombiano", expresó.

Ahora, como ministro del Trabajo y en el marco del Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, Antonio Sanguino hizo un llamado público: "Hoy quiero pedirles públicamente que se me otorgue lo que me ha sido negado en estos 40 años de silencio eleno. Les pido que me entreguen verdad plena sobre lo ocurrido. Les solicito que se haga entrega a mi familia de los restos mortales de Juan Antonio. Les pido que dicha entrega se produzca a través de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Les exijo, además, que hagan a mi familia la respectiva petición de perdón por este asesinato".

El ministro también subrayó una realidad más amplia: hay una herida olvidada en este país. Muchas familias perdieron seres queridos dentro de filas guerrilleras, lejos de cualquier combate, en procesos internos que nunca fueron claros. Historias como la de Juan Antonio quedan suspendidas en la niebla, sin reparación y sin cierre.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

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