Miguel Rodríguez Orejuela enfrenta demencia y cáncer en prisión estadounidense a los 80 años
Miguel Rodríguez Orejuela, exjefe del Cartel de Cali, está internado en una prisión federal de Estados Unidos con un estado de salud crítico. Según su entorno, padece demencia senil, cáncer de próstata avanzado y su esperanza de vida sería inferior a un año. Su familia y abogados buscan su liberación por razones humanitarias, argumentando que su deterioro mental lo hace incompatible con la reclusión.
A los ochenta y tantos años, Miguel Rodríguez Orejuela vive lo que podría ser el capítulo final de su vida tras las rejas de una prisión federal estadounidense. El que fuera uno de los máximos jefes del Cartel de Cali enfrenta hoy un deterioro físico y mental severo que ha alertado a su familia y allegados sobre su situación.
De acuerdo con versiones cercanas a su círculo íntimo, el exnarcotraficante no solo lidia con problemas cognitivos. Los informes recientes señalan que padece cáncer de próstata en estado avanzado, una enfermedad que los médicos han catalogado como crítica. Las proyecciones médicas hablan de una esperanza de vida inferior a un año, lo que ha puesto urgencia a las acciones legales de su defensa.
Lo más reciente en el caso es el diagnóstico de demencia senil, un factor que su familia y sus abogados han presentado como argumento central para solicitar su liberación anticipada por motivos humanitarios. Argumentan que una persona con deterioro cognitivo severo no debería permanecer en prisión. Aunque estas solicitudes no son extrañas en el sistema judicial estadounidense, generalmente enfrentan exigencias muy altas tanto en lo médico como en lo legal para ser aprobadas.
Rodríguez Orejuela fue capturado en Cali en 1995 y extraditado a Estados Unidos en 2005, donde fue condenado por narcotráfico y lavado de activos a una pena de aproximadamente treinta años. Aún le quedarían algunos años de condena por cumplir, pero su deterioro de salud ha reabierto el debate público sobre si un hombre en estas condiciones debe terminar sus días encerrado.
Ahora el destino de quien alguna vez fue uno de los hombres más poderosos del crimen organizado en Colombia queda en manos de las autoridades estadounidenses. Ellas deberán evaluar si sus condiciones médicas justifican una liberación por razones humanitarias. Mientras tanto, la historia de un capo que alguna vez tuvo poder absoluto llega a su etapa final: lejos del poder, tras las rejas, y marcado por un deterioro que simboliza el cierre de toda una era del narcotráfico en el país.
Fuente original: Hora 13 Noticias


