Mientras Argentina enfrenta crisis de deuda, inversores millonarios apuestan fuerte por su recuperación
A pesar del default argentino de 2014 y la disputa con fondos buitres, varios inversores internacionales con miles de millones de dólares siguen apostándole al país. Su apuesta principal es Vaca Muerta, las terceras reservas mundiales de petróleo y gas de esquisto, que según estiman traería entre 100 y 200 mil millones de dólares en inversión. Estos magnates del dinero ven oportunidades que otros analistas no ven, apostando a que Argentina se recuperará en mediano plazo.
Mientras los titulares de los periódicos financieros internacionales anunciaban que Argentina quedaría aislada tras el default de 2014, un puñado de inversores multimillonarios hacía exactamente lo opuesto: metía dinero fresco en el país. Lejos de cerrarse las puertas a la inversión extranjera como muchos profetizaban, algunos de los financistas más astutos del planeta decidieron que ese era precisamente el momento para entrar.
Kyle Bass, director del Fondo Hayman Capital de Estados Unidos, fue el más claro al respecto. Mientras otros huían, él miraba hacia adelante. "Mi perspectiva son los próximos cinco años. En este período Argentina va a recibir una inversión de US$100 a US$200 mil millones de dólares por los depósitos de Vaca Muerta y habrá recobrado el acceso a los mercados internacionales", explicó a BBC Mundo. Vaca Muerta es el yacimiento de petróleo y gas de esquisto más importante de Argentina, considerado el tercero más grande del mundo. Para Bass, eso era suficiente razón para ignorar el caos legal y enfocarse en lo que venía después.
No era solo una apuesta solitaria. George Soros, el legendario financista húngaro-estadounidense que ganó mil millones de dólares en un día obligando a devaluar la libra británica en 1992, también apostó fuerte. En agosto de 2014, después del default, se convirtió en el cuarto mayor accionista de YPF, la empresa petrolera nacionalizada por Argentina, invirtiendo 450 millones de dólares. Daniel Loeb, director del fondo Third Point LLC, también invertía en YPF con la misma lógica: Vaca Muerta era demasiado jugosa para dejarla pasar.
Estos inversores no eran ingenuos. Sabían que enfrentaban un laberinto legal complejo, con el juez estadounidense Thomas Griesa dictando sentencias que limitaban los pagos de Argentina. De hecho, Bass mismo criticó severamente las decisiones judiciales, señalando que el juez "se ha extralimitado en sus poderes ya que dictamina sobre bonos que fueron emitidos bajo jurisdicción británica y sobre los que no tiene autoridad". Aún así, Soros y Bass iniciaron demandas conjuntas para acceder a pagos bloqueados, pero sin abandonar su apuesta en el país.
David Martínez, el multimillonario mexicano, sumó más de mil millones de dólares a esta ecuación, invirtiendo en telecomunicaciones y cable televisivo. Su estrategia era diferente pero complementaria: mientras otros buscaban petróleo, él construía infraestructura. "Estoy de acuerdo con la estrategia del gobierno. Es la forma correcta de recuperar la capacidad de conducción de sus negocios y reconstruir la cadena de pagos de los bonos reestructurados", sostuvo al diario argentino Página 12.
Incluso Cullen Thompson, del fondo Bienville de Nueva York, que era francamente crítico del gobierno de Cristina Fernández, encontraba razones para invertir. Su apuesta era que un cambio de gobierno en 2015 traería reformas que revalorizarían los activos argentinos, que en ese momento estaban artificialmente baratos. "Es el momento de entrar a pleno en el mercado. Apuntamos a la inversión en bienes raíces, energía, telecomunicaciones y productos financieros", indicó.
Lo que todos estos inversores compartían era una perspectiva a largo plazo. Mientras los mercados financieros veían un país al borde del abismo, ellos veían un país temporalmente deprimido con activos fundamentales sólidos. Como lo expresó Loeb en una carta a sus inversores: "Argentina va a recobrar la confianza de los inversores y resolver sus problemas de liquidez ya que sus datos básicos como la relación deuda-Producto Interno Bruto son saludables". En otras palabras, más allá del drama político y legal del momento, los números reales del país no eran tan malos como parecía.
Fuente original: BBC Mundo - Economía
