Miedo en las casas militares de Los Caracoles: vecinos reclaman protección tras ola de robos
Los residentes de las casas militares en el barrio Los Caracoles de Cartagena viven bajo constante temor tras varios robos, incluyendo uno reciente donde delincuentes entraron por el techo. La comunidad denuncia falta de seguridad, infraestructura deficiente, iluminación precaria y la presencia de un lote abandonado usado para consumo de drogas. Aunque reconocen la respuesta de la Policía, exigen intervención estructural de las autoridades responsables.
En el barrio Los Caracoles de Cartagena, la rutina cotidiana de los residentes de las casas militares ha quedado marcada por la angustia y la desconfianza. El miedo ya no es una sensación pasajera sino una compañía constante que afecta la tranquilidad de quienes viven en estas viviendas, y un nuevo robo ha vuelto a abrir las heridas de una comunidad que se siente abandonada.
El más reciente acto delictivo ocurrió cuando una pareja de dueños salió a visitar a familiares. Los ladrones ingresaron a la casa retirando una teja del techo, dejando tras de sí un rastro de inseguridad que impactó profundamente a la familia. La esposa del militar sufrió una crisis nerviosa tras lo sucedido y tuvo que ser auxiliada por sus vecinos. Una residente comenta: "Fue una situación muy difícil. Los vecinos tuvimos que ayudarla porque quedó muy afectada por lo sucedido". Lo irónico del caso es que esta familia apenas llevaba veinte días viviendo en el lugar.
Pero este robo no es un caso aislado en la zona. Los vecinos señalan que en un lote cercano suelen congregarse habitantes de calle y personas consumidoras de drogas, un problema que ha sido reportado múltiples veces sin que se vean soluciones concretas. Un residente comenta: "Ese espacio estuvo abandonado durante mucho tiempo y llegó a ser utilizado como punto para el consumo y presunto expendio de drogas. Hemos denunciado la situación muchas veces, pero no vemos acciones concretas". Durante años han pedido que se cierre el lugar y se implementen controles más estrictos, peticiones que parecen caer en oídos sordos.
Las deficiencias van más allá de la falta de vigilancia. Muchas viviendas fueron entregadas sin rejas ni protecciones básicas, dejando a las familias expuestas desde el primer día. Además, los residentes cuestionan el cobro de una cuota mensual de administración que, según denuncian, no se refleja en mejoras reales de seguridad ni mantenimiento. Por las noches, la oscuridad generalizada amplifica el miedo. Un grupo de vecinos comenta: "Hay personas que prefieren no salir cuando oscurece porque las calles quedan muy oscuras y da miedo transitar por el sector".
Lo que sí reconocen los residentes es la respuesta rápida de la Policía Metropolitana de Cartagena ante sus llamados. Los cuadrantes llegan oportunamente cuando reportan situaciones sospechosas. Sin embargo, esa respuesta inmediata no es suficiente para resolver un problema que requiere intervención a fondo. Los vecinos son claros: necesitan medidas estructurales, no solo presencia policial reactiva. Esperan que las entidades responsables de estas viviendas militares tomen cartas en el asunto de una vez por todas.
Fuente original: Las Noticias Cartagena


