Manglares del Urabá en riesgo: la reforestación no da abasto contra la tala ilícita
Los manglares del Urabá antioqueño están siendo destruidos de manera acelerada, amenazando la vida animal y dejando a las comunidades costeras expuestas a la erosión. Aunque Corpourabá ha hecho 11 capturas por aprovechamiento ilícito y sembrado más de 30 hectáreas para restaurar, estos esfuerzos no alcanzan a frenar la velocidad de la depredación. El director de la entidad advierte que estos ecosistemas son vitales como hogar, alimento y protección para cientos de especies, además de ser un escudo natural contra el avance del mar.
La crisis ambiental en el Urabá antioqueño ya no es un problema latente: está aquí, destruyendo en tiempo real. Los manglares, esos ecosistemas que parecen simples árboles sumergidos en agua salada, están desapareciendo bajo la sierra del aprovechamiento ilícito, y con ellos se va mucho más que vegetación.
El director de Corpourabá, Alexis Cuesta, decidió hablar claro sobre lo que está pasando. Explicó que "el manglar no es solo árboles sumergidos en agua salada. Es vida, es el techo, el comedor y la cuna de cientos de especies del Urabá Antioqueño. Este escudo natural se está cayendo a pedazos debido a la tala indiscriminada". Peces, crustáceos y aves que han vivido en estos lugares durante generaciones ahora aparecen muertos porque sus hogares desaparecen.
Más allá de la fauna, Cuesta señaló un riesgo que afecta directamente a la gente que vive en la costa. Estos manglares cumplen una función que muchos no dimensionan: "Cuando hablamos de manglar estamos hablando de un ecosistema muy importante y estratégico. Se ubica en esa parte transicional entre mar y tierra. Es muy importante, por ejemplo, para el tema de la erosión costera". La tala descontrolada, que en varios casos responde a usos culturales para construir viviendas, deja a las comunidades expuestas al avance del mar y a fenómenos erosivos que pueden ser devastadores.
Las autoridades han intentado frenar esto. La entidad reporta 11 capturas por aprovechamiento ilícito de recursos naturales, y esas personas han sido puestas a disposición de la Fiscalía General de la Nación. No es poco, pero tampoco es suficiente. "Para combatir esa problemática, más de 30 hectáreas de manglar han sido sembradas en la región, principalmente en el distrito de Turbo, pero no se logra combatir al ritmo que se está destruyendo", reconoce Cuesta con una honestidad que preocupa.
Ahí está el drama en números: mientras se siembran hectáreas para recuperar lo perdido, la motosierra sigue funcionando más rápido de lo que crece un manglar. Es una carrera que, por ahora, la depredación está ganando, y las comunidades costeras son quienes terminan pagando el precio más alto.
Fuente original: Hora 13 Noticias

