Madre de Kevin Acosta insiste: la cirugía fue imposible sin el medicamento que faltaba

Kevin Acosta, un niño de siete años con hemofilia severa, murió el 13 de febrero en Bogotá tras un accidente en bicicleta. Su madre asegura que rechazó una cirugía cerebral porque el menor no tenía el medicamento necesario para el procedimiento, algo distinto a lo que afirma el presidente Petro. La controversia expone las dificultades en el acceso a tratamientos de alto costo en el sistema de salud colombiano.
El país sigue en shock por la muerte de Kevin Acosta, un niño de apenas siete años que padecía hemofilia A severa, la enfermedad que afecta la capacidad de coagulación de la sangre. El pequeño falleció el 13 de febrero en Bogotá, y lo que pudo ser una tragedia médica inevitable se convirtió en una batalla de versiones sobre responsabilidades y decisiones que marcan a una familia destrozada.
Según un informe que leyó el presidente Gustavo Petro, todo comenzó cuando Kevin sufrió un accidente en bicicleta que le causó un traumatismo craneoencefálico grave. Los médicos, según el mandatario, indicaron la necesidad de una cirugía urgente. El presidente fue tajante en su versión: "Se le informa a la madre que hay que intervenir quirúrgicamente y se le explican los riesgos, pero la madre no acepta la intervención. Hay un informe firmado del rechazo y prefiere seguir con el tratamiento clínico", manifestó Petro. La narración oficial sugería que la familia había optado por un tratamiento menos invasivo.
Pero Yudy Pico, la madre de Kevin, presenta una historia completamente distinta, y esa diferencia es lo que golpea cuando la escuchas. En entrevista con Noticias Caracol, ella explicó que su negativa a la cirugía no fue capricho ni negligencia: fue por supervivencia. "El niño no tenía el medicamento para colocarle para la cirugía. Donde ellos me le hubieran hecho esa cirugía, el niño habría tenido una hemorragia porque no tenía el medicamento. Ellos saben que a un niño hemofílico debe colocársele el medicamento para una cirugía de ese tamaño en el cerebro", detalló la madre. Su argumento tiene lógica médica: en un hemofílico, someterse a una intervención cerebral sin el tratamiento anticoagulante adecuado es una sentencia de muerte por desangre.
La raíz del problema, según Yudy Pico, fue administrativo y tiene nombre: Nueva EPS. Ella afirmó que en enero de 2026 se enteró de que Medicarte, la empresa que distribuía la medicación de Kevin, había terminado su contrato con la EPS. Eso dejó al niño en una situación desesperante: "Para enero no tenía medicamento, no tenía citas, no tenía nada. A partir del primero de enero el niño quedaba sin medicamento, quedaba sin IPS, quedaba sin nada". Dos meses sin el tratamiento esencial que mantiene vivo a un hemofílico.
Por su parte, la Nueva EPS salió a defenderse. En un comunicado técnico, la entidad aseguró que la muerte de Kevin se debió al traumatismo craneoencefálico y no directamente a la falta de medicamento. También aclaró que el factor VIII, el componente clave para tratar la hemofilia, se había administrado de forma continua hasta diciembre de 2025, con el siguiente ciclo programado para enero de 2026. Una aclaración que no responde la pregunta de fondo: ¿qué pasó después del 1 de enero cuando se acabó el contrato?
Hoy, mientras la Fiscalía y Medicina Legal investigan si hay responsabilidades penales o administrativas en esta muerte, el caso de Kevin Acosta se convierte en un espejo incómodo del sistema de salud colombiano. Una familia perdió a su hijo, y entre los protocolos médicos, los cambios de contratos y las explicaciones oficiales, nadie parece tener una respuesta clara sobre quién debió garantizar que un niño con hemofilia nunca estuviera sin su medicamento de supervivencia.
Fuente original: El Tiempo - Bogotá
