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Luis Guerrero: el samario que eligió ser padre antes que atleta

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Luis Guerrero: el samario que eligió ser padre antes que atleta
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A los 16 años, Luis Guerrero recibió la noticia que cambió su vida: sería papá. Desde entonces, este entrenador deportivo, bailarín y exfisicoculturista de Santa Marta ha criado cinco hijos equilibrando el gimnasio, la danza folclórica y sus responsabilidades familiares. Su lección de paternidad no está en imponer disciplina, sino en guiar con el ejemplo y respetar las decisiones de sus hijos.

En el Mes del Padre, la historia de Luis Eduardo Guerrero, de 54 años, es un recordatorio de que la verdadera fortaleza no se mide solo en kilos levantados ni en pasos de baile ejecutados con precisión, sino en la capacidad de estar presente cuando más se necesita.

Guerrero llegó a Santa Marta procedente de Valledupar siendo casi un niño. Estudiaba bachillerato cuando recibió la noticia que lo obligaría a crecer de la noche a la mañana: iba a ser padre a los 16 años. Como él mismo recuerda, "Fue una experiencia bastante tenaz porque mi primera hija nació cuando yo tenía 16 años... Fue un show bastante duro, pero tenía un papá que era muy conservador y me dijo: 'tienes un hijo, hazte responsable'". Su padre, profesor de lingüística de la Universidad Sergio Arboleda, le dejó claro que no había espacio para excusas. Hoy esa hija tiene 37 años y mantiene una relación inquebrantable con él. "Somos muy unidos... sucede algo y enseguida dice: 'Papá, te necesito'. Siempre he sido un padre presente", comenta Guerrero.

Lo que vino después fue un acto de equilibrio que muchos considerarían imposible. Mientras criaba a su primera hija, Guerrero se matriculó en la Universidad del Magdalena para estudiar Economía. Posteriormente tuvo cuatro hijos más dentro de su matrimonio, lo que lo obligó a cambiar de carrera y terminar sus estudios a distancia en Administración Agropecuaria. Pero entre los libros y las responsabilidades, descubrió dos pasiones que se convertirían en su sustento: el gimnasio y las danzas folclóricas. A los 17 años, Itzel Díaz Viloria, director de Bienestar Universitario de la Unimagdalena, lo incorporó al grupo de danzas folclóricas de la institución, permitiéndole financiar sus estudios mientras bailaba. Durante más de cinco años, la danza fue su fuente de ingresos y su motor físico. Después combinó el baile con el entrenamiento de fuerza y el fisicoculturismo, incluso apareciendo como extra en la telenovela Paquita Gallego.

Lo sorprendente en la historia de Guerrero es que nunca impuso su pasión a sus hijos. Aunque sus hijas crecieron viéndolo bailar y entrenar, y hoy tienen talento para la danza, él nunca las presionó a seguir sus pasos. Sus hijos varones optaron por el fútbol, y solo uno decidió por voluntad propia explorar el fisicoculturismo. Su filosofía de crianza no fue la del entrenador exigente, sino la del padre que enseña con el ejemplo y respeta las decisiones de sus hijos.

Criar cinco hijos en Colombia no es tarea sencilla, y Guerrero no lo oculta. El dinero y el tiempo fueron sus mayores desafíos. "Lo más duro realmente es la parte económica... Tener cinco hijos... A veces hay un momento en que te cuestionas y dices: ¿cómo vas a hacer para tanto?", reconoce. Su compromiso era tan profundo que en varias ocasiones canceló viajes con el grupo de danzas de la universidad. "Teníamos un viaje con las danzas de la universidad y yo le decía al director de Bienestar Universitario: 'No puedo ir porque estoy con mis hijos'", recuerda.

Hoy, con tres décadas vividas en Santa Marta, Luis Guerrero encarna una lección simple pero poderosa: la verdadera paternidad no se trata de logros personales o de la ausencia de dificultades, sino de la constancia, el ejemplo y la capacidad de permanecer cuando más se necesita.

Fuente original: Seguimiento

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