Los tropiezos de Petro terminaron hundiendo al candidato que quiso ser su continuación
La campaña presidencial de Cepeda cometió errores estratégicos cruciales: desde la elección de una fórmula vicepresidencial tan radical como el mismo Petro, hasta el mal manejo de la imagen pública y las plataformas digitales. Además, la insistencia del gobierno en temas como la constituyente y denuncias de fraude sin pruebas terminaron por reforzar el miedo ciudadano y favorecer a De la Espriella.
La campaña presidencial de Cepeda enfrentó un desafío monumental desde el inicio: representar la continuidad de un gobierno cuya imagen se había deteriorado entre amplios sectores de la población. Los errores acumulados terminaron siendo determinantes en los resultados electorales.
Uno de los tropiezos más evidentes fue la selección de la fórmula vicepresidencial. En lugar de buscar una figura que moderara la percepción de extrema izquierda que rodeaba al candidato, la campaña eligió una mujer indígena del CRIC igualmente radical, quien además se jactaba de nunca haber sentido atracción por el estudio y de haber abandonado el bachillerato. Esta decisión contrastaba notoriamente con la trayectoria de quienes competían en la otra orilla electoral, evidenciando las debilidades y vacíos de conocimiento que salían a la luz en cada intervención pública.
El candidato mismo presentaba limitaciones como comunicador. Su imagen proyectaba frialdad y distancia, su dependencia de papeles para hablar y su postura encorvada con ese gesto recurrente de llevarse la mano al abdomen generaban una percepción de fragilidad física. Nunca se preocupó por disipar las preocupaciones sobre su estado de salud mostrando exámenes médicos que confirmaran la remisión de su enfermedad.
La campaña también careció de un mensaje central claro. Cepeda no aprovechó los sectores que se habían beneficiado de las transferencias monetarias del gobierno, sino que insistió en el discurso del "gobierno de la vida" justamente cuando la inseguridad crecía exponencialmente. Esto resultó especialmente contraproducente: repetir un mensaje que la realidad cotidiana desmentía frontalmente fue un error de cálculo electoral.
En materia de estrategia digital, la diferencia fue abismal. Mientras que su principal competidor desplegaba campañas sofisticadas en redes e influencers que transmitían energía y modernidad, Cepeda se mantuvo anclado en canales tradicionales con un discurso que reforzaba su imagen de figura política anacrónica. El episodio de la camiseta de la selección fue particularmente revelador: en lugar de unificar a los colombianos alrededor del símbolo nacional, la campaña terminó regalándole electoralmente a su rival cada vez que un ciudadano decidía usarla.
Cepeda tampoco logró distanciarse de los desaciertos del gobierno en seguridad y justicia. Nunca aclaró su relación con grupos violentos, particularmente con las Farc, ni se desvinculó de la controvertida política de "paz total". Con el crimen creciendo de manera acelerada en las calles, el costo político de esta omisión fue inevitable.
Finalmente, la sombra de Petro terminó siendo el factor que más peso tuvo. La insistencia presidencial en una nueva constituyente y sus denuncias infundadas de fraude electoral reforzaron en la ciudadanía el miedo de que ambos buscaban no reconocer los resultados electorales para mantenerse en el poder. Las correcciones tardías y débiles nunca fueron creíbles. Al final, fueron estos temores los que decidieron la elección.
Fuente original: Minuto30
