Los seis quiebres de una campaña que ha puesto a prueba la democracia colombiana

Esta primera vuelta presidencial ha roto con décadas de tradición electoral en Colombia. Desde el asesinato de un precandidato, pasando por un presidente haciendo campaña abiertamente, dos candidatos que evitaron debates, desinformación con inteligencia artificial en redes sociales y amenazas a la legitimidad del sistema electoral. Todo ocurre mientras miles de colombianos enfrentan presión de grupos armados para votar, en medio de polarización que deja huérfano al centro político.
Colombia está a punto de vivir una jornada electoral sin precedentes. Esta primera vuelta presidencial no solo es diferente: representa el quiebre más profundo de los principios que han caracterizado nuestras elecciones en las últimas décadas. Lo que ha sucedido durante esta campaña mezcla violencia, institucionalidad débil y amenazas al corazón de la democracia.
El fantasma de un candidato sigue rondando estas elecciones. Miguel Uribe Turbay, precandidato del Centro Democrático, fue asesinado hace meses por orden de las disidencias del Tren de Aragua, según denuncias públicas. Dos meses antes de su muerte, Uribe Turbay le contó a El Colombiano cuál era su objetivo: "a Colombia le vaya bien, unir al Centro Democrático, unir a la oposición y finalmente unir a Colombia para ganar y para gobernar". Su ausencia ha dejado dividida y herida a la oposición. La familia de Uribe acusa al presidente Gustavo Petro de ser "el responsable político" del magnicidio, en medio de un ambiente de tensión que el mandatario mismo ha agravado con sus discursos. Es la primera vez desde 1990 que asesinan a un aspirante a la presidencia en Colombia.
El presidente ha hecho algo que la ley le prohíbe: campaña descarada por su candidato Iván Cepeda. El Ejecutivo no solo ha promovido su candidatura en actos públicos, sino que incluso utilizó los equipos básicos de salud para enseñar a la gente cómo votar por Cepeda en el tarjetón. El Consejo de Estado le ordenó hace poco abstenerse de hacer propaganda electoral, pero Petro siguió adelante. Publicó tuits exaltando eventos de campaña de Cepeda, como cuando escribió desde Barranquilla: "Los y las libres volaremos. Viva el Caribe libertario". El procurador Gregorio Eljach apenas pidió un informe a la Cámara de Representantes, un organismo donde el gobierno tiene mayorías que probablemente no avancen en nada que afecte al mandatario.
Algo sin precedentes ocurrió: los dos candidatos con más apoyo en las encuestas simplemente no asistieron a debates. Iván Cepeda no fue a ninguno. Abelardo de la Espriella fue a uno solo del gremio de infraestructura y desapareció. Mientras tanto, candidatos con menos opciones de ganar asistieron a espacios de confrontación pública. Un politólogo experto en comunicación política, Daniel Yepes Naranjo, explicó que ambos "hicieron una campaña de espaldas a la deliberación democrática" porque entendieron que podían fortalecer sus bases sin exponer sus ideas al cuestionamiento de los medios independientes. Los colombianos quedaron sometidos a ríos de propaganda sin posibilidad de que los grandes candidatos respondieran preguntas directas.
El presidente ha dedicado meses a cuestionar la legitimidad del sistema electoral sin presentar pruebas. Pidió acceso al "código fuente" de los sistemas de votación, algo que el registrador Hernán Penagos comparó con "dar la clave de la bóveda del Banco de la República". En una entrevista con El País de España, Petro dijo que respetaría los resultados "si no había fraude". ¿Qué significa exactamente "fraude" en su visión? Si pierde Cepeda, ¿las instituciones enfrentarán nuevos ataques del presidente? Mientras tanto, 386 municipios tienen alertas por violencia electoral, con presión de grupos armados sobre votantes. Antes del voto al Congreso en marzo fueron decomisados casi 3.900 millones de pesos destinados a compra de votos. Miles de colombianos hoy no votan libremente.
Las redes sociales se convirtieron en un cuadrilátero de pelea. Cuentas coordinadas, personas dedicadas a "posicionar narrativas" para sus candidatos y bots de perfiles falsos han generado un ambiente de insultos sin discusión democrática real. La inteligencia artificial se usó para crear videos engañosos. En algunos circuló una escena falsa donde aparecían juntos el expresidente Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos conspirando, algo que no había ocurrido en años. Con esas imágenes creadas artificialmente buscaban reforzar la narrativa de que Abelardo de la Espriella era diferente porque "nunca ha vivido del Estado". El volumen de desinformación es tan alto que verificar cada contenido se volvió casi imposible para un ciudadano común.
La polarización ha dejado huérfano al centro político. Las últimas encuestas coinciden en que probablemente habrá segunda vuelta entre De la Espriella y Cepeda, aunque otras apuntan a Valencia contra Cepeda. Candidatos como Claudia López y Sergio Fajardo perdieron fuerza. Paloma Valencia ha recibido públicamente el apoyo de los partidos tradicionales, pero De la Espriella y Cepeda negocian sus apoyos de manera disimulada. Un profesor de la Universidad del Atlántico, Diógenes Rosero, lo explicó así: "hay dos tipos de acuerdos: enclosetados y evidentes. Hace cuatro años era más evidente que la mayoría de casas políticas estaba con Fico Gutiérrez. Hoy hay fragmentación. Paloma tiene la 'oficialidad', pero Abelardo y Cepeda los tienen por debajo de la mesa".
El panorama es difícil y complicado. Pero por eso mismo, los colombianos que puedan votar tienen una razón mayor para hacerlo hoy con conciencia. La democracia lo necesita.
Fuente original: El Colombiano - Colombia

