Lluvia tóxica y crisis humanitaria en Oriente Medio tras bombardeos a depósitos de petróleo

Los ataques contra instalaciones petroleras en Irán han generado una alerta por contaminación tóxica que afecta la salud de los civiles. La ONU cuestiona si estos ataques cumplieron con el derecho internacional humanitario. Las consecuencias se extienden por toda la región: casi 700.000 desplazados en Líbano, afganos retornando en condiciones precarias, y cadenas de suministro humanitario interrumpidas que encarecen y retrasan la ayuda alimentaria.
Una nube de contaminación tóxica flota sobre Teherán. Los bombardeos de Israel y Estados Unidos contra depósitos de petróleo en la capital iraní han desencadenado una crisis ambiental y sanitaria que preocupa profundamente a organismos internacionales. La «lluvia negra» y los contaminantes que se propagan en el aire representan, según advertencia de la ONU, un peligro real para la población iraní, que ha recibido recomendaciones de las autoridades para permanecer en sus casas.
Desde Ginebra, Ravina Shamdasani, portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, planteó serias dudas sobre el cumplimiento de las normas internacionales. «Estos impactos plantean serias dudas sobre si se cumplieron las obligaciones de proporcionalidad y precaución según el derecho internacional humanitario», expresó, señalando que los sitios atacados «no parecen ser de uso militar exclusivo». La Organización Mundial de la Salud también monitorea los riesgos derivados de la liberación masiva de hidrocarburos tóxicos, óxidos de azufre y compuestos de nitrógeno que afectan la salud respiratoria y contaminan el agua.
Las consecuencias humanitarias se despliegan como una onda expansiva por toda la región. En Líbano, casi 700.000 personas han sido desplazadas, con más de 100.000 saliendo en solo 24 horas. Karolina Lindholm Billing, representante de la Agencia de la ONU para los Refugiados, describió escenas de desesperación: «Vemos coches alineados en las calles con personas durmiendo dentro». Ella relató el caso de una mujer de noventa años que perdió a 11 miembros de su familia en 2024 y ahora está desplazada nuevamente, alojada en la misma escuela que la acogió hace dos años. Es un ciclo de trauma que se repite.
Afganistán enfrenta su propio drama. Más de 1.700 afganos cruzan diariamente la frontera con Irán para retornar a su país, huyendo de la incertidumbre y deterioro económico. Sin embargo, quienes regresan se encuentran con una situación aún más precaria. Tajudeen Oyewale, representante de UNICEF en Afganistán, reportó que el número de niños evaluados y tratados por desnutrición se ha duplicado en una sola semana, una estadística devastadora que refleja el colapso de las condiciones básicas de supervivencia.
La guerra también ha bloqueado las arterias del comercio global. Jean-Martin Bauer, del Programa Mundial de Alimentos, explicó que los envíos ahora requieren seguros por riesgo de guerra que cuestan entre 2.000 y 4.000 dólares adicionales por contenedor. Peor aún, las rutas navales están siendo desviadas. Lo que antes se transportaba desde India a Sudán en pocos días ahora debe rodear el cabo de Buena Esperanza, pasando por Tánger, añadiendo aproximadamente 25 días al viaje y 9.000 kilómetros extra. Eso significa que la ayuda alimentaria llega más tarde y más cara, agravando la crisis de desnutrición cuando más se necesita la urgencia humanitaria.
Fuente original: ONU - Oriente medio



