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Líbano atrapado nuevamente: bombardeos, desplazamientos y la lucha interna de Hezbolá

Fuente: France 24 - Medio Oriente
Líbano atrapado nuevamente: bombardeos, desplazamientos y la lucha interna de Hezbolá
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Líbano vuelve a ser escenario de enfrentamientos entre Israel y Hezbolá que han desplazado a más de 95.000 personas. El movimiento armado chiíta, debilitado tras la muerte de su líder Hassan Nasrallah en 2024, enfrenta tensiones internas y presiones para desarmarse, mientras el Estado libanés intenta recuperar autoridad. Los civiles, especialmente en el sur y suburbios de Beirut, repiten un ciclo de evacuaciones y reconstrucción que ha desgastado una economía ya en crisis.

En Líbano, las guerras casi nunca desaparecen del todo. A veces se transforman, otras regresan bajo nuevas máscaras. Casi dos décadas después del conflicto de 2006 y apenas un año después de la última escalada mayor, el país vuelve a quedar atrapado en una confrontación que no nació dentro de sus fronteras. Los bombardeos israelíes han golpeado nuevamente el sur, el valle de la Bekaa y los suburbios meridionales de Beirut, mientras Hezbolá responde con ataques hacia el norte de Israel. En pocos días, más de 95.000 personas han sido desplazadas de sus hogares, repitiendo un patrón que los libaneses conocen demasiado bien.

Pero esta vez el contexto es diferente. Hezbolá no es solo una milicia armada. Es también un partido político con amplio apoyo entre los chiítas, una red de servicios sociales que gestiona escuelas y hospitales, y una organización militar respaldada por Irán desde su fundación en 1982. Esa multiplicidad le permitió durante décadas moverse en una zona gris entre actor estatal y fuerza independiente. Después de la retirada israelí en 2000, se consolidó como uno de los actores políticos y militares más poderosos del país.

Sin embargo, el Hezbolá que entra en esta nueva guerra no es el mismo de hace poco. El conflicto de 2024 marcó un quiebre. Los bombardeos israelíes destruyeron gran parte de su infraestructura militar y financiera, y la muerte de Hassan Nasrallah, su líder histórico durante décadas, sacudió los cimientos de una organización construida alrededor de su figura. El movimiento emerge ahora debilitado, enfrentando presiones crecientes tanto dentro como fuera de Líbano. Occidente y varios Estados del Golfo exigen su desarme, mientras dentro del país aumentan críticas sobre cómo Hezbolá arrastra a la nación a guerras que el Estado no controla. Analistas en Beirut ahora apuntan a posibles fracturas internas: una tensión entre el ala política, preocupada por la supervivencia del grupo dentro del sistema libanés, y sectores militares cercanos a Irán, especialmente las fuerzas Radwan, que mantienen vínculos estrechos con la Guardia Revolucionaria iraní y han asumido un papel cada vez más activo en la confrontación actual.

Mientras Hezbolá intenta mantener su cohesión, el Estado libanés lucha por recuperar una autoridad que durante años ha estado fragmentada. Esta semana, el gobierno dio un paso sin precedentes al prohibir oficialmente las actividades militares y de seguridad de Hezbolá. El ejército anunció detenciones de decenas de personas por posesión ilegal de armas, incluidos combatientes vinculados al movimiento. Sin embargo, hay cautela incluso dentro del aparato estatal. Hezbolá sigue siendo la fuerza militar más poderosa, muy superior a un ejército crónicamente infradotado. Un enfrentamiento directo entre fuerzas armadas e Hezbolá sigue siendo uno de los escenarios más temidos en un país que aún carga las cicatrices de su guerra civil.

Mientras tanto, la población vuelve a ser la víctima inmediata. Muchos habitantes del sur todavía no habían podido reconstruir sus casas tras enfrentamientos anteriores cuando comenzaron los nuevos bombardeos. "Pensábamos que lo peor ya había pasado", cuenta Rima, residente de Dahiyeh. "En 2024 también nos fuimos. Tardamos meses en volver a sentir algo parecido a una vida normal". Otros resignados observan el patrón: "Aquí ya sabemos cómo funciona esto", dice Hussein, dueño de una tienda del barrio. "Empiezan los bombardeos, la gente se va unos días o unas semanas, y luego volvemos a reconstruir".

La economía libanesa, golpeada por años de crisis financiera, apenas tiene capacidad para absorber más destrucción. En ese contexto, la popularidad de Hezbolá atraviesa uno de sus momentos más frágiles. Aunque mantiene apoyo sólido en sectores de la comunidad chiíta, cada vez más voces cuestionan a una organización armada capaz de decidir cuándo el país entra en guerra. Para Irán, Hezbolá sigue siendo pieza clave en su red regional de aliados. Pero dentro de Líbano, cada nueva confrontación alimenta el debate sobre el costo que ese papel regional tiene para un país profundamente debilitado. Por ahora, la guerra se desarrolla en los mismos escenarios de siempre: el sur, los suburbios de Beirut y comunidades civiles atrapadas entre bombardeos e operaciones armadas. En Medio Oriente, pocas guerras comienzan en Líbano, pero una y otra vez terminan librándose en su territorio.

Fuente original: France 24 - Medio Oriente

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