Las tradiciones de Semana Santa que los colombianos siguen practicando año tras año
En Colombia, la Semana Santa no es solo un recuerdo del pasado. Las procesiones de Popayán, las peregrinaciones a Monserrate, la visita a siete templos y otras prácticas se mantienen vigentes porque comunidades enteras las siguen organizando y transmitiendo. Estas tradiciones mezclan fe religiosa con identidad local, memoria colectiva y experiencia urbana, adaptándose a los tiempos pero sin perder su esencia.
La Semana Santa en Colombia no ha desaparecido, pero tampoco permanece igual. En unos lugares mantiene un sentido puramente religioso; en otros funciona simultáneamente como patrimonio vivo, memoria de lo que somos y atractivo cultural. Lo importante es que no se trata de costumbres enterradas en libros de historia, sino de prácticas que comunidades enteras siguen organizando, enseñando y reinterpretando cada año. Eso ocurre tanto en ciudades con larga tradición como Popayán, Mompox y Tunja, como en actividades más dispersas por todo el país, desde subidas a santuarios hasta recorridos nocturnos por iglesias.
Las procesiones siguen siendo la tradición más visible. En Popayán, la UNESCO reconoce que estas celebraciones vienen desde la época colonial y que entre el martes y el sábado antes de Pascua se realizan cinco procesiones nocturnas por el centro histórico. No es simplemente un desfile religioso: detrás de los pasos, las imágenes, la música y la organización de los barrios hay un trabajo de varias generaciones que refuerza la identidad de toda una comunidad. La Alcaldía de Popayán expidió recientemente un decreto especial para permitir las procesiones de 2026, y Tunja también presentó oficialmente su programación, demostrando que esta tradición no sobrevive como recuerdo sino como práctica activa.
Peregrina también sigue siendo central en esta época. Miles de personas suben a Monserrate cada Semana Santa, especialmente el Viernes Santo, como acto de oración, penitencia o reflexión. El santuario describe esa subida como una forma de revivir el Vía Crucis, el camino que recorrió Jesús hacia la cruz. Los números hablan solos: en Viernes Santo de 2025, Bogotá reportó cerca de 90.000 asistentes en peregrinaciones y eventos religiosos, con Monserrate como uno de los principales destinos. La tradición sigue viva, aunque ahora conviva con visitantes que la viven también como experiencia urbana o cultural.
La visita a los siete templos en la noche del Jueves Santo tampoco desapareció. En Bogotá, la Alcaldía Local de Kennedy explica que se trata de un recorrido simbólico para acompañar a Jesús desde su captura hasta la crucifixión. En Cartagena, las autoridades no solo mantuvieron esta práctica en su programación oficial, sino que en 2024 crearon una ruta pedagógica con horarios, oraciones y reseñas de templos. Su persistencia muestra algo fundamental: en Colombia, la Semana Santa no ocurre solo dentro de las iglesias, sino a través del movimiento por las calles, como si el creyente acompañara paso a paso la historia de la Pasión.
Otras prácticas también permanecen porque conectan lo religioso con la vida diaria. La Conferencia Episcopal recuerda que el Sermón de las Siete Palabras se predica cada Viernes Santo en las parroquias, inspirado en las últimas frases de Cristo en la cruz. En sus versiones recientes, los obispos lo han usado para leer los problemas del país desde una perspectiva religiosa. El Vía Crucis, presentado este año por la Iglesia como una invitación "a no acostumbrarse al dolor ni a la injusticia", sigue siendo central.
Y en las casas persiste una señal igual de importante: la abstinencia de carne durante la Cuaresma, especialmente los viernes. Esta disciplina explica por qué el pescado sigue siendo tan importante en estas fechas. La Semana Santa en Colombia no es patrimonio inerte: es práctica viva que evoluciona pero mantiene sus raíces profundas.
Fuente original: KienyKe - Portada
