Las redadas migratorias vacían los bolsillos de Little Village, el corazón comercial latino de Chicago

Los operativos de ICE en el barrio hispano de Chicago han generado un miedo paralizante que está ahogando el comercio local. Restaurantes, tiendas y vendedores ambulantes reportan caídas de hasta 60% en ventas. Lo que sucede en Little Village ejemplifica cómo una política de deportaciones masivas afecta directamente la economía cotidiana, no solo de inmigrantes sino de toda una comunidad.
En Little Village, el epicentro económico latino de Chicago, las calles que antes bullían de vida ahora parecen desiertas. Los operativos de la agencia migratoria americana (ICE) han dejado un rastro de miedo que está liquidando negocios y empleos. La llamada Operación Midway Blitz, lanzada en septiembre y reforzada en los últimos meses, ha transformado lo que era uno de los corredores comerciales más prósperos de la ciudad en algo parecido a un pueblo fantasma.
Carlos Macías, dueño de la Carnicería y Taquería Aguascalientes que su padre abrió hace 50 años en la calle 26, la avenida principal, describe el impacto en números duros: "El comercio ha caído a la mitad durante la semana, algunas veces menos que eso. La gente no quiere gastar dinero". Macías vivió en carne propia una redada en su local. Los agentes, cuenta, portaban rifles y pasamontañas. Mientras barrían el lugar con la vista, algunos clientes se agacharon bajo las mesas, otros lloraron, algunos corrieron hacia la parte de atrás. El incidente quedó grabado en la memoria de la comunidad y en los números rojos de los negocios.
El concejal Michael Rodríguez reporta que restaurantes y tiendas de comida registran caídas de hasta 60%. Una tienda de celulares no tuvo una sola venta durante dos semanas. Christina González, dueña de la Taquería Los Comales, un lugar emblemático desde hace más de cinco décadas, ha tenido que recortar horarios de empleados. "No necesitamos 10 meseras sirviendo cuatro mesas", explica la realidad que enfrentan negocios que dependen de volumen. Los vendedores ambulantes, esos que años atrás llenaban cada esquina vendiendo tamales y chicharrones, casi desaparecieron. Ahora, cuando salen, lo hacen por períodos cortos y con miedo constante.
Lo que sucede en Little Village no es solo un problema de comercio. Es una lección sobre cómo las políticas migratorias impactan la economía real de la gente común. Adolfo Peña, dueño de la Zapatería Linda's, vio sus ingresos caer a la mitad. Dice algo que duele más: votó por Trump esperando que las cosas mejoraran, y lo describe como su "amarga desilusión". Otros residentes enfrentan dilemas parecidos. Marya, quien trabaja en El Pollo Feliz, ha visto cambiar el comportamiento: "Los que vienen son los que tienen papeles. Antes, la gente solía venir de lejos. Desde que los agentes de inmigración están aquí, eso ya no sucede más".
La ciudad ha intentado responder con iniciativas como "Compras en Solidaridad" para que la gente compre localmente. Pero los números muestran que el miedo es más fuerte que los llamamientos a la solidaridad. Rodríguez, que ha vivido en Little Village toda su vida, resume el cambio así: "Por primera vez en mi vida teníamos estacionamiento público disponible a lo largo de la calle 26. A la hora del almuerzo, nuestros restaurantes típicamente están llenos, veíamos restaurantes vacíos. Incluso durante la pandemia parecía que éramos más resilientes".
Los expertos advierten que esto es solo el principio. Un informe del Instituto Peterson para la Economía Internacional sugiere que las deportaciones masivas podrían reducir el PIB nacional en 7% en tres años. Otro análisis de la Comisión Económica Conjunta del Congreso encontró que los precios podrían subir hasta 9,1% para 2028, dependiendo de la magnitud de las expulsiones. Todo porque migrantes trabajan en sectores clave como agricultura, construcción y manufactura.
Mientras los economistas y políticos debaten cifras nacionales, en Little Village la preocupación es más inmediata: cómo pagar la nómina, cómo mantener las luces encendidas. Para Edwin y Luna, vendedores de huevos en la calle 26, lo resumen con claridad: "No respetan que seas de aquí. No les importa". Ese es el pulso real de una comunidad donde el miedo económico ha ganado la batalla al ajetreo comercial.
Fuente original: BBC Mundo - Economía