Las raíces de Iván Cepeda: una dinastía que ha estado cerca del poder durante siglos

La historia de Iván Cepeda Castro va mucho más allá de su padre, el líder comunista Manuel Cepeda Vargas. Su familia desciende de los Chadid, una familia de migrantes libaneses que llegó a la Costa Caribe con influencia política y económica, y de los Castro, conectados a caudillos santandereanos del siglo XIX. La decisión de su abuela Aura Chadid de abandonar la comodidad para casarse con un comunista marxista marcó el rumbo político de varias generaciones, llevando a la familia desde las élites liberales y conservadoras hacia la izquierda colombiana.
En la Sucre de los años cuarenta, Aura Chadid hizo una elección que cambiaría el destino de su linaje. Mientras sus hermanas se casaban estratégicamente con miembros de los clanes políticos más poderosos de la región, ella se enamoró de Gustavo Castro, un profesor de ideas marxistas que soñaba con revolución. Su padre, Juan Chadid, intentó frenar el romance. No lograba entender cómo una hija suya, criada en medio de la riqueza y los privilegios, podía rendirse a los brazos de un hombre ligado al naciente comunismo colombiano. Pero Aura decidió escuchar su corazón. Se casó con Gustavo y dejó atrás la fortuna, la comodidad y hasta la herencia de su padre. Lo que parecía ser solo una rebeldía familiar terminaría moldeando varias generaciones. Décadas después, Aura y Gustavo serían los abuelos de Iván Cepeda Castro.
Para entender completamente a Iván Cepeda, hay que mirar mucho más atrás que su padre. Las raíces de quien hoy lidera la campaña presidencial se hunden hasta un pequeño pueblo del norte del Líbano llamado Tannurin. Desde allí llegó Juan Chadid a la Costa Caribe colombiana, junto con otras familias de Oriente Medio como los Turbay y los Jarb, quienes después hispanizarían sus apellidos. En Sincelejo, Juan Chadid construyó un patrimonio considerable con negocios de telas, tabaco y ganadería. También era miembro de una organización masónica que funcionaba como red de influencia en sectores políticos e intelectuales de la región.
Del lado paterno, la historia es igualmente poderosa. Gustavo Castro venía de una estirpe de militares, congresistas y caudillos santandereanos que ocuparon cargos importantes desde el siglo XIX. Su abuelo fue el general Domingo Castro, quien fue senador, magistrado, procurador y presidente del Estado Soberano de Santander. Pero Gustavo tomó un camino distinto al de sus ancestros: en lugar de buscar poder a través de la masonería como hicieron otras familias, lo buscó a través del Partido Comunista, que funcionaba en la época como una red paralela de poder con sus propias lealtades y estructuras.
En esa misma línea familiar santandereana destaca el general José Pacífico Solón Wilches, tío abuelo de Gustavo Castro y uno de los grandes caudillos liberales radicales del siglo XIX. Solón gobernó Santander durante años y construyó un poder regional tan sólido que cuando su mandato terminó en 1880, convocó a una Asamblea Constituyente para cambiar las reglas electorales, ampliando así su período presidencial y permitiéndose la reelección sin pasar por nuevas elecciones. Gobernó en dos épocas, entre 1872 y 1876, y luego entre 1878 y 1884. Casi siglo y medio después, sus descendientes estarían nuevamente hablando de asambleas constituyentes.
De la unión entre Gustavo Castro y Aura Chadid nació Yira Castro Chadid, periodista, activista política y concejal de Bogotá. Desde niña, Yira vivió inmersa en la política revolucionaria. A los 16 años entró a la Juventud Comunista Colombiana, y cuatro años después, en 1960, se casó con Manuel Cepeda Vargas, uno de los históricos dirigentes del Partido Comunista. Su vida estuvo marcada por la clandestinidad. Fue capturada durante el gobierno de Julio César Turbay por su trabajo periodístico en Voz Proletaria, cumplió prisión y luego se exilió en Checoslovaquia con su familia. Su cercanía ideológica con las Farc era conocida en los círculos de izquierda: una combatiente de esa guerrilla, Ángela Urrego, adoptó el nombre "Yira Castro" como alias dentro de la organización armada. En una entrevista publicada por Las2Orillas, Urrego contó que "por razones de seguridad" le dieron el nombre de "una valiente comunista: Yira Castro". Yira murió en 1980 a causa de un tumor cerebral, cuando su hijo Iván apenas tenía 18 años.
Manuel Cepeda Vargas continuó la tradición política de la familia. Fue senador de la República y una de las figuras principales de la Unión Patriótica. Cuando estaba preso en La Modelo en 1964 por actividades revolucionarias, escribió el libro de poemas Vencerás Marquetalia, dedicado a la resistencia armada que surgió en Marquetalia, considerada el origen histórico de las Farc. El impacto de Manuel fue tal que un frente guerrillero que operaba en Buenaventura y el Valle del Cauca adoptó su nombre como homenaje. Manuel fue asesinado a tiros en Bogotá en agosto de 1994, cuando su hijo Iván tenía 31 años. Ese crimen marcaría profundamente la vida del futuro líder político.
Lo que emerge de esta genealogía compleja es un patrón que trasciende las ideologías de superficie. Desde hace siglos, los antepasados de Iván Cepeda han sabido estar donde está el poder: primero como comerciantes masones en la Costa, después como caudillos y militares en Santander, luego como dirigentes comunistas en Bogotá, y ahora como figura central del Pacto Histórico. Las orillas políticas han cambiado con las generaciones, pero la familia nunca se ha alejado del centro de la política colombiana. Es una historia no solo de rebeldía ideológica, sino de una dinastía que ha aprendido a navegar el poder en sus distintas formas.
Fuente original: El Colombiano - Colombia

