Las frases que definen a los tres candidatos presidenciales a días de la primera vuelta

Con solo una semana para la votación del 31 de mayo, Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia e Iván Cepeda han marcado posiciones a través de declaraciones incendiarias, propuestas económicas y promesas que revelan sus diferencias. Mientras De la Espriella apela a un discurso confrontacional contra la izquierda, Valencia plantea soluciones técnicas como el fracking, e Iván Cepeda evita debates públicos pesea proyectarse como defensor de la democracia. Sus palabras se vuelven cruciales porque dos de los tres candidatos no han participado en debates formales.
Colombia entra en la recta final de una campaña presidencial donde las palabras pesan más que nunca. A una semana de las elecciones del 31 de mayo, tres candidatos con opciones reales de llegar a la segunda vuelta han dejado un rastro de declaraciones que van desde lo confrontacional hasta lo técnico, pasando por lo ambiguo. Lo peculiar es que ni Abelardo de la Espriella ni Iván Cepeda han aceptado enfrentarse en debates formales, dejando a Paloma Valencia como la única dispuesta a ese escrutinio directo. En ese escenario, lo que dicen en entrevistas, discursos y redes sociales se convierte en el material principal para que los electores evalúen la coherencia entre sus propuestas, sus trayectorias y sus verdaderas alianzas.
De la Espriella se ha posicionado como un outsider (forastero político) que no modera su mensaje. Promete mano dura con personajes del gobierno anterior y confrontación directa con la izquierda. Cuando dice "Quiero ver preso al que haya delinquido; Petro no puede quedar impune", está tocando una fibra real en millones de colombianos que durante cuatro años vieron escándalos de corrupción sin consecuencias judiciales visibles. Su promesa más incendiaria, sin embargo, ha generado alarma: "Sepan ustedes, señores de la izquierda, que en mí tendrán siempre un enemigo acérrimo, que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos". El lenguaje deliberadamente violento resuena con su base electoral que se siente abandonada por la clase política tradicional, pero abre una pregunta: ¿cómo gobernaría alguien que llega prometiendo "destripar" a la mitad del país? Sobre seguridad es igual de directo: "No como de indio, de negro, de blanco, de nada. El que salga a hacer desmanes y atacarme a la gente y a la fuerza pública le voy a caer con mano de hierro". Sin embargo, De la Espriella ha defendido personajes polémicos como Álex Saab, señalado testaferro de Nicolás Maduro, y David Murcia Guzmán, condenado por estafas masivas. Aunque jurídicamente un abogado no es responsable por sus clientes, en política la narrativa importa, y esa defensa le sigue persiguiendo.
Paloma Valencia ha mantenido un tono más medido pero con una propuesta económica que desafía al establishment progresista. Su plan de fracking genera polémica, pero ella lo justifica con un argumento directo: "Esta técnica se ha utilizado durante más de 20 años en Estados Unidos (...) no hay evidencia de daño ambiental significativo". Lo interesante es que Valencia reconoce lo que el gobierno Petro evitó aceptar: que mientras Ecopetrol se desmorona financieramente, Colombia no puede rechazar opciones energéticas viables. En salud propone una inyección de 9 billones de pesos para medicamentos y trámites más rápidos. En su cierre de campaña en Bogotá sí subió la temperatura: "Aquí le digo al ELN, al Clan del Golfo y a las Farc que los voy a cazar como ratas. Van a sentir el puño y el coraje de la mujer colombiana", un tono que contrasta con su campaña más institucional pero que busca tocar a electores agotados con las negociaciones. La tensión aparece en sus alianzas: asegura que "no estoy realizando acuerdos burocráticos ni ofreciendo cargos", pero dice "No voy a traicionar a Uribe", lo que deja dudas sobre su verdadera independencia.
Iván Cepeda ha optado por evitar el escrutinio público. Pese a proyectarse como defensor de la democracia y la transparencia, ha rehusado debates y privilegia eventos de plaza pública donde controla el mensaje. Su programa tiene más de 140 menciones a Gustavo Petro, lo que lo convierte en la cara de la continuidad. El problema es que esa misma continuidad lo deja vulnerable a críticas sobre corrupción que ha preferido no abordar públicamente.
Hay tres frases suyas que merecen atención especial. En entrevista con María Jimena Duzán habló sobre darle al presidente facultades para decretos ley dentro de un Acuerdo Nacional: "Si todo el mundo está de acuerdo, se le da facultades al presidente de que haga un paquete de decretos ley". Es inquietante porque concentrar poder legislativo en manos del ejecutivo es el camino que han recorrido Venezuela, Nicaragua y Bolivia antes de desmantelar sus contrapesos institucionales. Luego está su frase sobre Antioquia: "Antioquia ha sido la cuna del paramilitarismo, de la narcoeconomía y del terrorismo de Estado". Aunque Cepeda dice que fue sacada de contexto, la afirmación generaliza injustamente a millones de antioqueños e ignora que la región también es cuna del emprendimiento e innovación. Es polarización con micrófono. La tercera es sobre Jesús Santrich e Iván Márquez, dos excomandantes de las FARC acusados de narcotráfico. Cepeda dijo: "Yo asumí la defensa, no de Santrich, no de Márquez, sino del proceso de paz (...), porque si se hubiera logrado extraditar a estos señores, pero también a magistrados de la JEP y a otras personas, el resultado hubiera sido evidente, se hubiera dado un golpe letal al proceso de paz. Entonces a mí eso no me lo perdonan". Equipara la extradición de presuntos narcos con un golpe letal a la paz, cuestionando qué tipo de justicia defenderá como presidente.
Los tres candidatos comparten algo que el profesor Diógenes Rosero de la Universidad del Atlántico resumió bien: mientras Valencia tiene el apoyo público de sus partidos, Cepeda y De la Espriella mantienen esos apoyos ocultos, "por debajo de la mesa". Eso es quizás lo más revelador: ninguno de los tres candidatos está siendo completamente honesto sobre sus verdaderas alianzas políticas.
Fuente original: El Colombiano - Colombia

