Las 36 preguntas que hicieron enamorarse a una escritora: qué dice la ciencia 30 años después

Un experimento de psicología de 1997 propuso generar intimidad entre desconocidos mediante 36 preguntas cada vez más personales. La escritora Mandy Len Catron lo probó con un conocido en 2015, escribió un viral en The New York Times y terminó casándose con él. Sin embargo, el estudio original tenía objetivos más modestos: crear cercanía temporal, no amor duradero.
La historia suena demasiado buena para ser verdad: responde 36 preguntas progresivamente íntimas con un extraño, mírate a los ojos unos minutos, y enamorarte. Eso es básicamente lo que prometía Mandy Len Catron en su ensayo viral para The New York Times en 2015, cuando contó que ella misma lo había probado con un compañero de universidad y que realmente funcionó. El artículo se convirtió en una de las historias más leídas del periódico ese año.
Lo que Catron recontaba en su texto era un experimento diseñado en 1997 por el psicólogo Arthur Aron de la Universidad de Stony Brook. La mecánica era simple: dos personas desconocidas se sentaban cara a cara en una habitación y respondían 36 preguntas que aumentaban gradualmente en intimidad personal. El procedimiento duraba aproximadamente 45 minutos. Según el relato de Catron, al final debían mirarse a los ojos durante 4 minutos en silencio, tras lo cual ocurría la magia. En su ensayo incluso mencionaba que en el estudio original, una pareja que se conoció en el laboratorio terminó casándose e invitó a todo el equipo de investigación a la ceremonia.
Pero aquí viene lo interesante para entender la realidad detrás del mito: el estudio original tenía objetivos bastante diferentes. Los investigadores no buscaban crear amor duradero, sino "desarrollar un sentimiento temporal de cercanía" entre participantes. El cuestionario fue diseñado aplicando lo que entonces se sabía sobre cómo construyen las personas relaciones cercanas, ya fuesen románticas o de amistad. Aron y su equipo querían lograr la máxima intimidad posible en el menor tiempo disponible, no porque fuese mágico, sino para poder medir variables científicas en condiciones controladas: cambios hormonales, prejuicios sociales, y otros factores.
El método tiene su lógica. Según el propio estudio, "un patrón clave asociado con el desarrollo de una relación cercana entre iguales es la autorrevelación sostenida, creciente, recíproca y personalista". En otras palabras: si dos personas comparten información personal de forma progresiva, mutua y auténtica, pueden generar conexión. Eso es exactamente lo que hacen las 36 preguntas, que van desde temas superficiales en el primer grupo hasta territorio emocional profundo en el tercero, pasando por recuerdos traumáticos, miedos sobre la muerte, y vulnerabilidades compartidas.
Lo que hace fascinante el caso de Catron es que ella y Mark Janusz Bondyra, el "conocido" con quien realizó el ejercicio en un bar (no en un laboratorio), realmente se enamoraron. Se casaron en 2025, una década después. En su boda, incluso decoraron las mesas con tarjetas con las 36 preguntas como homenaje a cómo comenzó todo. Pero la propia Catron ha aclarado a lo largo de los años que es difícil atribuirle todo el mérito al estudio. Como ella misma escribió entonces, "aunque es difícil atribuirle todo el mérito al estudio (quizás hubiese sucedido de todos modos), sí fue una forma de iniciar una relación que se siente deliberada".
Lo que sí parece sostenerse es la premisa fundamental sobre cómo funciona la intimidad. Catron, quien ahora es autora de un libro sobre el tema y ha dado charlas TEDx, reflexiona que "la mayoría de la gente quiere sentirse vista y comprendida por otra persona". Señala que este deseo se ha intensificado en los últimos 10 a 15 años, justo cuando nuestra vida social se ha mediado cada vez más a través de pantallas. En ese contexto, "las 36 preguntas proporcionan una estructura que hace que ese tipo de vulnerabilidad y conexión se sienta accesible".
Sin embargo, Catron también es honesta sobre los límites del procedimiento. Como ha dicho varias veces desde su ensayo viral, enamorarse puede ser relativamente sencillo con las preguntas correctas y la vulnerabilidad. Lo difícil es mantenerlo. En su charla TEDx lo explicó así: "Lo que tengo, en cambio, es la oportunidad de elegir amar a alguien y la esperanza de que él también me ame. Es aterrador, pero así es el amor". El experimento acelera la intimidad, pero lo que viene después sigue siendo tan complicado y frágil como siempre.
Fuente original: BBC Mundo - Economía