La vida es un regalo de Dios: aprender a vivirla con gratitud y alegría en el presente

Un análisis basado en el libro de Eclesiastés invita a los creyentes a disfrutar la vida cotidiana con quienes aman, reconociendo que el presente es un obsequio divino. El mensaje enfatiza que aunque la muerte es inevitable para todos, esto no debe generar desánimo, sino motivar a vivir cada momento con gozo y propósito. La verdadera recompensa está en vivir con fe, gratitud y alegría en el aquí y ahora, preparándose para una muerte sin arrepentimientos.
El reverendo Robinson Mejía Iguarán reflexiona sobre un mensaje antiguo pero profundamente actual: la vida es un regalo que debe disfrutarse plenamente. Basándose en el libro de Eclesiastés, señala que la sabiduría humana tiene límites y ninguno de nosotros conoce verdaderamente su futuro. Lo único seguro es que la vida está en manos de Dios y que todos enfrentaremos la muerte de la misma manera.
Pero aquí viene lo importante. El predicador nos recuerda que "es mejor estar vivo que muerto, porque el muerto no tiene más recompensa y cae en el olvido, pero el que está entre los vivos, tiene una oportunidad para buscar una mejor vida". Esta realidad no debería hundirnos en el pesimismo, sino todo lo contrario: debe motivarnos a vivir con propósito cada día que se nos regala.
Según esta perspectiva, la invitación es clara: gozar de la vida con quienes amamos, comer con alegría, beber con corazón contento y disfrutar de lo que tenemos en el presente. El tiempo más importante no es el que vendrá, sino el que vivimos ahora. No se trata de una frivolidad, sino de reconocer que este momento, este instante, es un obsequio divino que merece ser vivido con gratitud y júbilo.
Lo paradójico es que aunque muchas cosas en la tierra parecen vanas, la vida de quien vive con fe y temor a Dios tiene un propósito eterno. Para el creyente, la verdadera recompensa no está solo en lo temporal, sino en lo que vendrá después. Por eso, la mejor manera de vivir es junto a Jesús, dando lo mejor de uno mismo y disfrutando cada regalo con gozo.
El mensaje final es una invitación personal: quien entiende que la vida es un regalo de Dios vive diferente. Vive con gratitud. Vive con alegría. Y hace lo mejor de sí en cada momento, sabiendo que está preparándose para una muerte sin arrepentimientos.
Fuente original: Guajira News


