La universidad que cambió el destino de una generación en La Guajira
Hace décadas, muchos jóvenes guajiros crecían sin opciones reales de futuro, tentados por modelos de "éxito" ligados al comercio ilegal. La creación de la Universidad de La Guajira en 1976 fue un punto de quiebre que abrió puertas a la educación superior. Hoy, con acreditación de alta calidad e inversión pública, la institución ha expandido su oferta con programas como Medicina y Nutrición, posicionándose como herramienta de transformación social para el territorio.
Crecer en La Guajira en ciertos momentos significaba enfrentarse a un espejo deformado. Los jóvenes veían "éxito" en hombres con camionetas importadas y armas al cinto, referentes culturales de una época donde el comercio ilegal sembraba deslumbramiento entre quienes no tenían alternativas reales. No era una elección, era la única imagen que ofrecía el territorio.
Terminar el bachillerato no abría posibilidades sino que las cerraba. Quien tenía recursos se iba a estudiar a Barranquilla, Bogotá o el exterior. El resto quedaba atrapado entre tres opciones: trabajar en el campo, comerciar en Maicao en la frontera con Venezuela, o entrar en el riesgo. Y ese riesgo tenía nombre: la bonanza marimbera. No fue solo dinero fácil; fue un fenómeno cultural que sedujo y atrapó a generaciones completas sin salida aparente.
Pero hace casi cincuenta años, un grupo de visionarios entendió algo fundamental: la única forma de romper ese ciclo era creando oportunidades de verdad. En 1976 nació la Universidad de La Guajira con programas como Administración de Empresas e Ingeniería Industrial. Fue pequeña al inicio, pero significó algo enorme: sembrar educación donde antes solo había limitaciones.
Lo que comenzó como sueño se transformó en algo silencioso pero profundo. La universidad no solo formó profesionales; formó ciudadanos con criterio y dignidad. Hoy, administradores, ingenieros, docentes y servidores públicos que dirigen el Departamento encontraron allí la oportunidad que antes no existía. Bajo el liderazgo del rector Carlos Arturo Robles Julio, la institución ha ganado acreditación de alta calidad institucional, garantizando que un joven wayuú de la Alta Guajira o un comerciante de Maicao accedan a educación con estándares comparables a las mejores universidades del país.
Ese reconocimiento no es un trámite administrativo: es la dignificación del talento guajiro. Además, durante el Gobierno del exgobernador José Luis González Crespo, mediante ordenanza y recursos de regalías del carbón, se garantizó la gratuidad en la Universidad de La Guajira, posicionando al Departamento como referente nacional al reconocer la educación superior como un derecho y no como privilegio.
Hoy la universidad es otra. Ha crecido con presencia en Riohacha, Maicao, Fonseca y Villanueva, acercando educación a miles que antes no podían acceder. Programas nuevos como Medicina y Nutrición y Dietética marcan un hito histórico en un Departamento golpeado por desnutrición infantil y enfermedades prevenibles. Estos no son solo programas: son respuesta social. Tener médicos y nutricionistas formados en el territorio significa profesionales que conocen la realidad guajira y están llamados a transformar las condiciones de vida de su gente.
La Universidad de La Guajira dejó de ser una institución distante para convertirse en herramienta viva al servicio del pueblo. Cada joven que ingresa es una historia que se salva. Cada inversión en educación es un muro levantado contra la desigualdad. La historia enseñó con dolor que cuando se abandona la educación, florecen la ilegalidad y la desesperanza. Hoy está claro: no se trata solo de política. Se trata de futuro. Y esa universidad no solo nos salvó una vez.
Fuente original: Diario del Norte



