La tregua entre EE.UU. e Irán tambalea: Líbano, petróleo y armas nucleares la ponen al borde del colapso

El alto el fuego anunciado entre Estados Unidos e Irán apenas sobrevive sus primeras horas. Israel intensifica bombardeos en Líbano argumentando que quedó fuera del acuerdo, Irán bloquea de facto el estrecho de Ormuz por donde pasa la quinta parte del petróleo mundial, y persisten diferencias abismales sobre el programa nuclear iraní. Las ambigüedades del pacto y las presiones políticas internas en ambas potencias hacen que la tregua parezca más un respiro frágil que una solución duradera.
La tregua entre Estados Unidos e Irán entra en su fase más crítica. Apenas horas después de anunciarse el alto el fuego, múltiples focos de tensión amenazan con hacerlo colapsar. Pakistán, que actuó como mediador principal, tenía previsto iniciar negociaciones formales este fin de semana en Islamabad, pero el terreno que pisan diplomáticos y generales es pantanoso y resbaladizo.
El primer problema es Líbano. Israel lanzó sus ataques más intensos contra Beirut y el sur del país precisamente el primer día de tregua con Irán, dejando más de 200 muertos y más de mil heridos en una sola jornada, según informó el Ministerio de Salud libanés. La pregunta incómoda: ¿Líbano estaba incluido en el acuerdo o no? Estados Unidos e Israel sostienen que quedó fuera del pacto. Irán, Pakistán y varios países europeos insisten en que la tregua debía cubrir toda la región. Para Teherán esto no es un detalle: Hezbolá es uno de sus principales aliados, y los bombardeos constituyen una violación directa. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, advirtió que la continuidad de los ataques tendría "respuestas contundentes". Mientras tanto, Israel ha dejado claro que verá el cese de operaciones contra Irán como una oportunidad táctica para concentrar su Fuerza Aérea en Líbano e intensificar la ofensiva contra Hezbolá.
El segundo problema golpea los bolsillos de casi todo el mundo. El estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, permanece en un cierre casi total. Irán, controlador de ese corredor energético crítico, no ha abierto realmente sus aguas pese a la tregua. Se rumorea que la Guardia Revolucionaria ha sembrado minas navales. En las primeras 24 horas del alto el fuego, apenas seis buques cruzaron, comparado con los casi 140 que lo hacían habitualmente. Más de 230 petroleros esperan en aguas cercanas. El precio del crudo Brent ha alcanzado los 98 dólares, un aumento del 35% desde el inicio del conflicto. Irán ha convertido el estrecho en instrumento de negociación: condiciona la normalización del tráfico a que Estados Unidos reduzca presión militar y a que Israel cese ataques en Líbano. Además, Teherán plantea cobrar peaje por el paso de buques, algo que revolucionaría décadas de libre navegación.
El tercer problema es el que menos se ve pero más importa: el programa nuclear iraní. Estados Unidos exige el fin total del enriquecimiento de uranio e Irán insiste en que su programa es pacífico y tiene derecho a continuar. Teherán mantiene más de 400 kilogramos de uranio enriquecido muy cerca del grado armamentístico. Washington también demanda el abandono del programa de misiles y que Irán deje de apoyar grupos aliados en la región. Irán reclama el levantamiento total de sanciones y el reconocimiento de su influencia regional. Las posiciones están tan alejadas que cierren esa brecha parece casi imposible.
A todo esto se suma una ambigüedad peligrosa: ni siquiera está claro qué dice exactamente el acuerdo. Irán sostiene que Estados Unidos ha violado varias cláusulas. Washington afirma que esas disposiciones nunca fueron parte del pacto. Los analistas advierten que esta confusión genera un terreno fértil para nuevas disputas. Las conversaciones en Islamabad arrancan sobre "bases muy débiles", según diplomáticos y expertos.
Dentro de sus propias fronteras, tanto Washington como Teherán enfrentan presiones políticas que complican el panorama. En Estados Unidos, el aumento del precio de la energía y las divisiones políticas debilitan la posición del Gobierno. En Irán, la dirigencia intenta vender la tregua como una victoria tras resistir la ofensiva militar. Ambas potencias mantienen fuerzas militares desplegadas en la región y han lanzado advertencias sobre represalias si el acuerdo se incumple.
Lo que queda es un equilibrio frágil que podría romperse en cualquier momento. Aunque ambas partes tienen algo que perder con una nueva guerra, la acumulación de tensiones sin resolver, la falta de confianza y las brechas enormes en cuestiones clave hacen que la tregua parezca más una pausa táctica que el comienzo de una solución duradera.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



