La tienda de la esquina se convierte en plan B: menos visitas y menos dinero para el tendero

La tienda de barrio pierde terreno en Colombia. Los colombianos entran 7,1% menos veces, pero gastan más por visita porque los precios subieron, no porque compren más. El verdadero cambio: hicieron su compra principal en los supermercados de descuento y solo van a la tienda a completar lo que se les olvidó. Productos básicos como leche y pan ya cuestan más de $10.000 solos.
La tienda de la esquina ya no es el centro de compras del hogar colombiano. Eso es lo que revelan los datos de Servipunto, la firma que monitorea cómo se mueve el dinero en el comercio minorista del país. Los números son contundentes: las personas entran menos veces a las tiendas tradicionales, y cuando lo hacen, gastan más plata pero compran lo mismo de siempre.
Durante 2025 las visitas a tiendas cayeron 7,1%. Las ventas subieron apenas 1,4%, pero ese aumento es engañoso. El gasto promedio por compra pasó de $9.325 en 2024 a $10.850 en enero de 2026. Suena como si los clientes estuvieran comprando más, pero no es así. Lo que pasó es que todo subió de precio. Un huevo, una bolsa de leche, un pan: ya cada uno de estos productos ronda los $10.000. El colombiano está gastando más dinero en menos cantidad de cosas.
El cambio va más allá del bolsillo vacío. Es un cambio de hábitos. Antes, el cliente entraba a la tienda y compraba por peso: "deme media libra de salchichón". Ahora entra y dice "deme $2.000 de salchichón". El volumen de carnes frías cayó 5,4%, pero el dinero que se deja es parecido. Lo mismo ocurre con el café: los paquetes grandes desaparecieron y crecieron 11% las bolsitas individuales de 10 a 40 gramos. El consumidor prefiere pagar más por gramo con tal de no desembolsar $30.000 de un empaque grande que no puede esperar a usar.
El arroz cuenta la historia más clara. Su precio bajó 1,5%, pero la gente compró 10,2% menos. Eso significa una sola cosa: el colombiano ya no hace el mercado en la tienda de la esquina. Lo hace en los supermercados de descuento, como D1, Ara e Ísimo, donde puede comprar al por mayor a mejor precio. La tienda tradicional se convirtió en plan B, en la opción para completar lo que se olvidó a mitad de semana. El tendero perdió el cliente que llegaba con la lista de todo lo que necesitaba y se lleva el que llega con la bolsa del descuento ya llena.
Juan Pablo Muñoz, quien lidera el análisis de datos en Servipunto, lo resumió así: "Estamos ante una migración de lealtad estructural. El consumidor ya llega a la tienda de la esquina con el mercado comprado; llega con la bolsa del discount en la mano y solo entra por lo que olvidó o por el formato mínimo que le permite llegar al día siguiente. La industria y los tenderos que ignoren esta nueva realidad del 'desvare' seguirán perdiendo terreno frente a formatos más ágiles".
Para los tenderos, el desafío de 2026 no es competir con los precios bajos de los grandes supermercados. Es aceptar que su rol cambió. La tienda de barrio siempre fue fuerte en tres cosas: queda cerca, abre rápido y vende en paquetes pequeños. Eso es lo que le queda para sobrevivir. Quien no lo entienda seguirá perdiendo clientes frente a formatos más ágiles que se adaptan rápido. El dinero que antes llegaba a la tienda de la esquina ya está decidido en otro lado.
Fuente original: El Colombiano - Negocios