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La sororidad como herramienta política: mujeres afromexicanas y colombianas tejen cambio social

Fuente: Diario del Norte

Un encuentro en Ensenada, Baja California, reunió a mujeres líderes de pueblos originarios y comunidades afromexicanas para fortalecer procesos de incidencia política con perspectiva de género. La regidora Ana Lara Carbajal, primera afromexicana en ese cargo, lidera iniciativas que buscan garantizar derechos político-electorales desde la unión entre mujeres. El evento incluyó participación de expertas en derechos humanos femeninos de las Américas, consolidando la idea de que la transformación social requiere solidaridad genuina entre mujeres.

Cuando nos unimos las mujeres, cuando nos acompañamos en el camino, cuando nos sostenemos mutuamente frente al patriarcado, se abre la posibilidad de una vida diferente. Eso es lo que refleja un encuentro que acaba de vivirse en Ensenada, donde mujeres líderes de pueblos originarios, comunidades afromexicanas y zonas rurales se reunieron para fortalecer sus procesos organizativos. No es casualidad ni es poca cosa: es política concreta, la que nace cuando las mujeres deciden actuar juntas.

Detrás de este espacio está la regidora Ana Lara Carbajal, primera mujer afromexicana en ocupar ese cargo en Baja California y presidenta de la comisión de pueblos originarios afromexicanos. Su liderazgo ha impulsado iniciativas como el encuentro de líderes y el taller Territorio, imaginarios y acción política, espacios diseñados no solo para conversar, sino para acompañar procesos comunitarios reales, con enfoque interseccional que reconoce que las mujeres no somos un grupo homogéneo.

Lo interesante es que este trabajo viene siendo tejido desde conexiones que cruzan fronteras. Expertas en derechos humanos de diferentes países de las Américas, incluida Colombia, participaron en estos espacios compartiendo saberes y experiencias. Se trata de una red genuina de solidaridad política, lo que algunos llaman sororidad: ese apoyo real entre mujeres que busca transformación.

El propósito es claro: ampliar acceso a la justicia electoral en igualdad de condiciones, sin discriminación, y garantizar que los derechos político-electorales de las mujeres no sean solo letra muerta. Para eso, explican los organizadores, hay que activar condiciones de paridad y enfrentar la violencia de género desde el liderazgo político con perspectiva de género. El Instituto estatal electoral de Baja California ha acompañado este proceso.

Lo que queda claro de jornadas como esta es que existe voluntad política y humana real para construir procesos diferentes. No se trata solo de incluir mujeres en espacios existentes, sino de refundar cómo hacemos política. Como plantea la teórica Rita Segato, se necesita "pensar un modo feminista de hacer política, una política en clave femenina", reconociendo que "todas las políticas de matriz masculina han fracasado". El camino, desde esta mirada, ya no es monopolio de unos pocos: es de la gran diversidad de feminismos que avanzan juntos.

Estos encuentros importan porque alimentan algo que las mujeres llevamos en la piel: la esperanza. Y porque nos recuerdan que nuestro poder no está en competir unas con otras, sino en tejernos, honrarnos, aprender juntas. En un momento donde el mundo parece cada vez más fragmentado, la sororidad política genuina sigue siendo el acto revolucionario más poderoso que las mujeres podemos practicar.

Fuente original: Diario del Norte

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