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La Sierra Nevada pierde dos tercios de su hielo en apenas 16 años

Fuente: Guajira News
La Sierra Nevada pierde dos tercios de su hielo en apenas 16 años
Imagen: Guajira News Ver articulo original

La cobertura glaciar de la Sierra Nevada de Santa Marta ha caído de 1.500 hectáreas en 1990 a apenas 550 hectáreas en 2026, según análisis de imágenes satelitales. Esta pérdida masiva de nieve no es solo un cambio paisajístico, sino una amenaza directa a las reservas de agua dulce que alimentan ríos cruciales como el Ranchería y el Cesar. El fenómeno refleja el impacto del cambio climático en uno de los ecosistemas más frágiles de la región guajira.

Hay cosas que creemos que van a estar ahí para siempre. Para quienes crecimos viendo la Sierra Nevada desde San Juan del Cesar y toda La Guajira, esa nieve blanca coronando la montaña siempre fue como una certeza. Más que un simple paisaje, era parte de la identidad, del orgullo de ser guajiro. Pero esa certeza se está desmoronando más rápido de lo que cualquiera pudo haber imaginado.

El columnista Juan Sebastián Otero decidió dejar de lado las percepciones y los rumores para revisar qué está pasando realmente con los glaciares de la Sierra. Usando imágenes satelitales, analizó la evolución de la cobertura de nieve desde 1990 hasta 2026. Lo que encontró es un panorama que no deja espacio para falsas esperanzas. A principios de los años noventa, el área cubierta de hielo superaba las mil quinientas hectáreas. Hubo algunos años con pequeñas variaciones, incluso una recuperación notable hacia 2010 que pudo parecer alentadora. Pero fue apenas un respiro. Desde entonces, la caída ha sido implacable.

Hoy, en 2026, la cobertura glaciar ronda las quinientas cincuenta hectáreas. En poco más de dieciséis años hemos perdido aproximadamente dos terceras partes del glaciar. Los números son contundentes: estamos frente a una desaparición progresiva que no se puede ocultar ni romantizar.

Lo preocupante es que esto va mucho más allá de perder una postal hermosa. El verdadero peligro radica en que los glaciares funcionan como reservas naturales de agua dulce. Ellos regulan el suministro hídrico, especialmente durante las épocas secas, liberando agua de forma gradual. Sin esa reserva natural, ríos fundamentales como el Ranchería o el Cesar podrían enfrentar disminuciones severas en sus caudales, golpeando directamente a comunidades enteras, especialmente a las zonas rurales que dependen de estos recursos.

La Sierra Nevada, por su fragilidad, es una de las primeras en sentir los efectos del aumento de la temperatura global. Lo que muchos experimentan como simples cambios en el clima local tiene consecuencias directas en las alturas de la montaña. Ese calor anormal que se siente en nuestros municipios se traduce allá arriba en el derretimiento acelerado del hielo.

Lo incómodo es que mientras esto sucede, la región sigue actuando como si nada estuviera pasando. Como si el cambio climático fuera un problema de otros, un debate abstracto que no toca nuestra realidad. Pero los datos satelitales no mienten: el problema ya está aquí, es urgente, y requiere reconocimiento, políticas públicas coherentes y una gestión ambiental seria.

Si continuamos ignorando estas señales, la nieve de la Sierra podría convertirse únicamente en un recuerdo, algo que solo viviremos en fotografías antiguas y en historias que contaremos a las próximas generaciones. Y si eso ocurre, no será por falta de advertencias. Será simplemente porque no quisimos ver a tiempo lo que estaba sucediendo frente a nosotros.

Fuente original: Guajira News

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