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La segunda vuelta: entre el miedo que vende y el odio que moviliza en Colombia

Fuente: Guajira News
La segunda vuelta: entre el miedo que vende y el odio que moviliza en Colombia
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Colombia se debate entre dos candidatos representativos de izquierda y derecha en la segunda vuelta presidencial de 2026. De un lado está Abelardo de la Espriella, quien basa su campaña en promesas grandilocuentes y mensajes de mano dura; del otro, Iván Cepeda, quien debe defender la gestión del gobierno actual mientras intenta conectar con votantes desencantados. En el medio están millones de colombianos cansados de una polarización que se ha convertido en el modelo político mismo del país.

Colombia llegó a junio de 2026 con la polarización a flor de piel. La segunda vuelta presidencial enfrentará a dos figuras que representan los extremos del espectro político: Abelardo de la Espriella por la derecha, descrito como un candidato que promete erradicar la pobreza con decretos y firmeza, y que basa su estrategia electoral en sembrar miedo sobre lo que podría pasar si gana la izquierda. Del otro lado está Iván Cepeda, quien carga con la responsabilidad de defender los logros del gobierno actual mientras intenta convencer a millones de indecisos que solo quieren sobrevivir cada mes.

De la Espriella representa a quienes creen que los problemas del país se resuelven con orden y autoridad. Su campaña es un espectáculo de promesas brillantes pero efímeras, donde cada mención de la izquierda va acompañada de advertencias apocalípticas. Según su narrativa, sin su victoria "vendrán a quitarle la Biblia a su abuela, a prohibir el fútbol y a ponerle impuesto al aire que respira". Es el pánico convertido en estrategia electoral, tan efectivo como desgastante.

Iván, por su parte, debe navegar una contradicción incómoda: defender un gobierno que tiene luces y muchas sombras, mientras intenta sonar relevante para quienes están cansados de todo. Habla con la cadencia de quien lee teoría política, pero el pueblo que lo escucha realmente quiere que le arreglen los huecos de la calle y que bajen los precios de los alimentos básicos.

Lo irónico es que ambos candidatos se necesitan mutuamente. De la Espriella necesita de Iván como el fantasma del castrochavismo para justificar su existencia como salvador. Iván necesita de De la Espriella como el monstruo del fascismo para mantener viva su capacidad de movilización. Se retroalimentan en una danza de polarización donde la democracia se ha convertido menos en un sistema de gobierno y más en un modelo de negocio basado en el miedo y el odio.

Mientras tanto, están los colombianos de a pie. El votante raso que sobrevive entre la falta de dinero para el mercado y la gasolina, a quien se le pide que elija entre dos visiones con la solemnidad de un acto sagrado. Los grupos de WhatsApp explotan con audios de una hora y memes pixelados que supuestamente prueban que el candidato contrario es un agente de la CIA, un guerrillero encubierto o algo aún más dramático. La polarización ya no es una consecuencia de la política; es la política misma.

Esta segunda vuelta es el último episodio de una tragedia que se repite hace doscientos años, con actores distintos pero el mismo guion mal escrito. El domingo de votación irá el pueblo a las urnas, unos con esperanza y otros con rabia contenida. Ganará uno u otro, y pasarán cuatro años de promesas incumplidas o justificaciones filosóficas sobre por qué nada cambió. Lo único seguro es que el perdedor gritará fraude y el ganador se proclamará salvador de la patria.

Y los colombianos seguiremos aquí, tomando tinto por la mañana, esquivando los huecos de las calles y esperando, con ese optimismo terco que solo tiene este pueblo, que al menos el próximo presidente sepa cómo tapar los baches. O, en su defecto, que al menos no los haga más grandes.

Fuente original: Guajira News

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