La Primera Guerra Mundial: la lección de cómo la industria se adapta (y se lucra) en tiempos de crisis
La Primera Guerra Mundial no solo cambió la política y el territorio europeo: también revolucionó la forma en que funcionaba la industria moderna. Empresas como Marconi transformaron la comunicación militar, mientras que la producción en masa se convirtió en la verdadera arma ganadora del conflicto. Pero mientras caían millones de soldados, algunos negocios multiplicaban sus ganancias, lo que generó controversia y nuevas regulaciones fiscales que buscaban castigar el lucro excesivo.
Cuando hablamos de la Primera Guerra Mundial, solemos pensar en trincheras, en generales fracasados y en la pérdida masiva de vidas. Pero detrás de ese caos sangriento ocurrió algo que cambiaría la industria moderna para siempre: la guerra aceleró inventos, obligó a las empresas a reinventarse y, en el proceso, creó fortunas gigantescas. Algunos negocios colapsaron, pero otros descubrieron oportunidades que los llevarían a dominar el siglo XX.
La historiadora Elizabeth Bruton de la universidad de Leeds señala un avance que pasamos por alto: "Las estaciones inalámbricas de Marconi fueron las primeras en anunciar el estallido de la guerra. También desarrollaron sistemas de transmisión inalámbrica de voz, el avance tecnológico más importante de la Primera Guerra Mundial". La compañía fundada por el inventor italiano Guglielmo Marconi no solo vendía equipos al gobierno británico: además ofrecía operadores especializados. Como lo explica la historiadora, "Querían contratos pero también querían ser bien vistos por el gobierno". Esta estrategia de negocio con visión social funcionó perfectamente.
Pero la verdadera razón por la que los aliados ganaron la guerra no fue la innovación radical, sino la capacidad de producir más cosas, más rápido. Mark Harrison, profesor de Economía de la universidad de Warwick, lo resume así: "Los aliados superaron en términos de producción a Alemania y sus aliados y eso fue la base de la victoria". El entonces primer ministro británico Lloyd George entendió esto perfectamente: según Harrison, Lloyd George dijo que "la guerra se ganaría con el último millón de libras". Básicamente, quien gastara más dinero en fabricar armas, municiones y equipos, ganaría. Y así fue. Las fábricas de calzado, las industrias textiles y la naciente industria aeronáutica prosperaron gracias a los contratos gubernamentales.
Sin embargo, mientras la gente moría en las trincheras, algunas empresas hacían dinero a ritmos alucinantes. El fabricante de municiones estadounidense Du Pont vio sus acciones dispararse un 374% entre 1915 y 1918. Las navieras tampoco se quedaban atrás: la empresa Frederick Leyland & Co aumentó sus dividendos de 24,5% en 1915 a 88% en 1916. Estos números generaron tanta indignación que surgió un movimiento de crítica feroz. En 1935, el general estadounidense Smedley Butler escribió sobre cómo "se cosechaban beneficios al lado de las recién colocadas tumbas de la guerra" y advirtió que con tanto dinero de por medio, la guerra volvería a repetirse.
La sociedad respondió. Los gobiernos comenzaron a aplicar impuestos al exceso de beneficios. En Reino Unido, un comerciante llamado Henry Thompson fue multado con 1.800 libras (equivalentes a unos 90.000 libras actuales, más de 146.000 dólares) por vender papas por encima del precio máximo permitido. Las cooperativas se posicionaron como defensoras del consumidor: un anuncio de 1918 en un periódico escocés declaraba que "el movimiento cooperativista es el enemigo confeso del exceso de beneficios". Además, muchas empresas británicas con nombres que sonaban alemanes sufrieron boicots, así que Bovril aclaraba en sus anuncios que "la gerencia de la empresa era completamente británica y que siempre lo había sido".
En Estados Unidos, la guerra trajo consecuencias distintas. Los trabajadores afroamericanos migraron masivamente hacia el norte y el centro del país para trabajar en industrias de guerra, lo que los sacó de la pobreza del sur aunque enfrentaran discriminación racial. El movimiento sindical también ganó poder político y participó en la formación de políticas salariales. A nivel macroeconómico, la guerra redefinió el orden mundial: antes del conflicto, Estados Unidos era una nación que debía dinero y Londres era el centro financiero del planeta. Después de 1918, Estados Unidos pasó a ser acreedor y Wall Street se convirtió en el centro financiero global, un cambio que ninguna depresión económica, ni siquiera la de 1929, logró revertir.
Fuente original: BBC Mundo - Economía
