La pelea entre Hacienda y Banrepública toca el corazón de cómo funciona Colombia

El ministro de Hacienda se retiró de la Junta Directiva del Banco de la República después de que esta institución subiera la tasa de interés a 11,25%. Expertos advierten que esto no es solo un desacuerdo técnico, sino una ruptura del pacto constitucional que desde 1991 equilibra la autonomía del Banco con la participación del Gobierno. La crisis toca la confianza de inversionistas y la credibilidad institucional del país en un momento frágil económicamente.
Lo que parecía un simple desacuerdo sobre números terminó sacudiendo los cimientos institucionales de Colombia. El ministro de Hacienda se bajó de la Junta Directiva del Banco de la República después de que esta institución decidiera subir la tasa de interés en 100 puntos básicos, llevándola a 11,25%. Fue un acto sin precedentes en los 35 años que lleva vigente la Constitución de 1991, y los economistas no tardaron en advertir: esto es mucho más grave que un simple pleito técnico entre dos instituciones del Estado.
Para entender por qué, hay que saber cómo funciona el sistema. La Constitución de 1991 diseñó un equilibrio muy particular: le dio autonomía al Banco de la República para tomar decisiones sobre tasas e inflación sin presión política, pero al mismo tiempo metió al ministro de Hacienda dentro de la Junta Directiva. ¿El objetivo? Que ambas instituciones coordinaran sin que una dominara a la otra. Es como si la Constitución hubiera dicho: "el Banco es independiente, pero el Gobierno tiene que estar en la mesa". Lorena Gutiérrez, decana de Ciencias Económicas de la Universidad de San Buenaventura, lo explica así: la presencia del ministro no es opcional ni un capricho, es parte de la arquitectura del Banco. Sin esa participación, se rompe el canal formal de coordinación entre la política monetaria y la política general del país.
Cuando el ministro se retiró, simplemente metió un martillo en ese arreglo. Henry Amorocho, profesor de la Universidad del Rosario, fue directo: esa participación es un "mandato constitucional de estricto cumplimiento". No es que el ministro pueda levantarse y decir "no me late esta decisión, me voy". Eso abre preguntas incómodas sobre si el Gobierno está respetando sus propias funciones públicas. El exministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo fue aún más fuerte: la calificó de "atropello" e "irrespeto" a la institucionalidad. En su análisis, desconocer una decisión del Banco es un golpe a la independencia de esa entidad, algo que la Constitución protegió como pilar para mantener estable la moneda.
Ahora bien, algunos expertos plantean un argumento diferente. Andrés Moreno, analista financiero, señala que el conflicto revela un dilema real: la salida del Gobierno podría parecer que fortalece la autonomía del Banco, pero al mismo tiempo debilita la coordinación entre la política fiscal (lo que gasta y recauda el Gobierno) y la monetaria (las tasas de interés). Ese desacople es peligroso en una economía como la colombiana que necesita que ambas ruedas giren juntas.
Lo más preocupante es el impacto que esto tiene en los inversionistas. En países en desarrollo como Colombia, la confianza institucional es un activo muy delicado. Cuando el Banco Central se pelea públicamente con el Gobierno, los inversionistas internacionales se asustan. Eso afecta directamente cuánto cuesta endeudarse, cuáles son las expectativas sobre inflación futura y cómo se mueve el dinero dentro del país. Una crisis institucional, aunque sea política, tiene costo económico real en el bolsillo de los colombianos.
Jorge Restrepo, docente de la Universidad Javeriana, agregó otra dimensión inquietante al debate: que el Gobierno intentó ejercer un poder de veto que nunca estuvo previsto en la Constitución. Básicamente, que al retirarse está intentando bloquear las decisiones del Banco, algo que nunca se contempló en el diseño del sistema.
Lo que enfatizan todos los analistas es que el modelo ha funcionado durante más de 30 años, incluso en tiempos de crisis económica grave. El desafío ahora es si el país puede mantener ese equilibrio bajo presiones políticas crecientes. Porque la pregunta real no es si el Banco debe ser independiente o si el Gobierno debe participar. La pregunta es si los actores políticos van a respetar las reglas que ellos mismos escribieron en la Constitución hace tres décadas.
Fuente original: Portafolio - Economía