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La pausa que necesitaba: reflexiones de Semana Santa en medio del ruido

Fuente: Periódico La Guajira

Un columnista descubre, gracias a una frase casual en una cafetería, que ha estado huyendo del silencio y de sí mismo. La Semana Santa se convierte en esa pausa que la vida nos regala para mirarnos de frente, recordar que llevamos cruces pero también esperanza, y entender que a veces renacer no es cambiar todo, sino cambiar la forma en que vemos las cosas.

Hay momentos del año que llegan como un regalo envuelto en papel fino, esperando el momento exacto para ser abiertos. La Semana Santa es uno de esos momentos. Quizá no le pase a todos de la misma forma, pero cada año siento que esta época toca diferente, como si el mundo entero presionara un botón invisible y la velocidad disminuyera, invitándonos a respirar y reconocer que aún estamos aquí.

Este año me atrapó a mitad del caos: corriendo entre tareas, mensajes, cosas que supuestamente no podían esperar. Hasta que un día cualquiera, sin avisar, la vida aplicó los frenos. Estaba en una cafetería revisando el celular mientras esperaba una reunión de trabajo cuando escuché la voz de una señora en la mesa contigua preguntándole a su hijo: "Mijo, ¿usted por qué le tiene tanto miedo al silencio?" Esa pregunta se me clavó profundo. Porque, aunque no quisiera admitirlo, yo también le tengo miedo. Prefiero desplazarme entre videos que enfrentar mis propios fantasmas. Subo música para no escucharme a mí mismo. Cambio de tema cuando algo me duele. En ese instante comprendí que lo que realmente estaba evitando era simplemente detenerme.

La Semana Santa tiene un poder extraño: te pone un espejo sin hacer ruido. No es como otras celebraciones que te empujan a comprar, a brillar o a consumir. Estas fechas te enfrentan a lo pesado, a lo ausente, a lo roto y a los planes que se desmorronaron. Todos cargamos algo, aunque le digamos de formas distintas. Pero paradójicamente, esta época también habla de algo más profundo: de que es posible renacer, de que hay esperanza incluso cuando creemos que hemos agotado nuestras oportunidades.

No pretendo ser un teólogo ni nada parecido, pero hay una imagen que siempre me ha parecido profundamente humana: Jesús lavándole los pies a quien lo iba a traicionar. Eso no es solamente religión; es valentía. Es amor sin el ego de por medio. Es elegir ser luz donde otros solo dejarían oscuridad. Mientras reflexionaba sobre esto, sentí que la vida me estaba susurrando algo sencillo: "Bájale ritmo. Todavía hay cosas que puedes ver si te quedas quieto un rato."

Muchos piensan que reflexionar es ponerse serio, mirar al piso o hablar en voz baja dentro de una iglesia. Pero reflexionar también es dar gracias. Es notar lo que sigue floreciendo a pesar de todo. Lo que resistió. Lo que insiste en estar ahí, aunque el tiempo siga su curso.

Y también es aceptar una verdad simple: a veces renacer no significa cambiar de vida completa. A veces solo significa cambiar la manera en que miramos las cosas. Esa tarde, caminé de regreso a casa más lentamente. No por agotamiento, sino porque lo elegí. Y pensé que tal vez la Semana Santa no viene para recordarnos milagros imposibles, sino algo más real y más nuestro: que después de la noche más larga siempre llega el amanecer, y que todos tenemos el derecho—casi el deber—de intentarlo de nuevo.

Fuente original: Periódico La Guajira

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