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La mutilación genital femenina: una violencia que se esconde detrás de la tradición

Fuente: Minuto30

En Colombia se registran casos de ablación genital femenina practicada en comunidades indígenas bajo justificaciones culturales. Entre 2024 y 2026 se documentaron 98 casos, la mayoría en niñas menores de cinco años. Organismos internacionales clasifican esta práctica como violencia de género, y el Congreso tramita una ley para prohibirla, aunque sin prioridad legislativa. El columnista Carlos Mario Cortés Rincón rechaza cualquier argumento que intente justificar la mutilación del cuerpo humano en nombre de la tradición.

Hace poco más de una semana, un medio de comunicación local reportó un caso que parece sacado de una pesadilla: una tatarabuela aprovechó la ausencia de su hija para mutilar a una niña de apenas seis meses. Cuando la madre regresó a casa, encontró a su bebé hinchada, sangrando y con fiebre. Le habían cercenado el clítoris. El columnista Carlos Mario Cortés Rincón, autor del artículo original, confiesa que creía no volver a escribir sobre este tema después de haberlo documentado años atrás en comunidades indígenas donde esta práctica persiste bajo la justificación de creencias ancestrales.

Según esas creencias, cercenando esta parte del cuerpo femenino se busca evitar que las mujeres sientan placer sexual, lo que supuestamente las mantendría castas y puras. La realidad es mucho más brutal: utilizan piedras afiladas, cuchillos de cocina, vidrios rotos o cualquier objeto cortopunzante, sin higiene alguna. Muchas niñas mueren desangradas. En pueblos como Pueblo Rico, en Risaralda, mueren más niñas que niños en proporción alarmante.

Cortés Rincón es enfático al afirmar que estas son violencias camufladas como cultura. Aunque respeta las tradiciones de los pueblos indígenas, sostiene que ningún rito religioso o ancestral puede justificar la mutilación del cuerpo humano. Compara esta práctica con otras mutilaciones religiosas y cuestiona: si aceptamos que se corten partes del cuerpo en nombre de la tradición, ¿dónde estaría el límite? ¿Hasta dónde llegaría una comunidad en nombre de sus costumbres?

La mutilación genital femenina no es exclusiva de comunidades indígenas americanas. Se practica en países de África, Oriente Medio y Asia, afectando a innumerables mujeres y niñas. Organismos internacionales de derechos humanos la consideran violencia de género. En Colombia, el Sistema Integrado de Información sobre Violencias de Género (Sivige) reportó 98 casos entre enero de 2024 y marzo de 2026. Lo más preocupante es que el 56 por ciento de las víctimas tenían entre cero y cinco años.

El Congreso colombiano está tramitando una ley para prohibir estas prácticas, pero enfrenta obstáculos constantes: falta de prioridad legislativa, ausentismo parlamentario y, sobre todo, falta de voluntad política. Mientras tanto, niñas siguen sufriendo consecuencias físicas y psicológicas devastadoras. Cortés Rincón advierte que muchas de estas menores mutiladas se han suicidado al llegar a la adolescencia, cargadas con cicatrices tanto visibles como invisibles.

El columnista rechaza la idea de que el placer sea algo pecaminoso o peligroso. Cuestiona por qué existe tanto miedo a que otros sientan satisfacción, ya sea física o emocional. "El placer no es malo", escribe, e invita a reflexionar sobre cómo cualquier cosa que cause daño o dolor al ser humano merece ser cuestionada y combatida. Para él, en el dolor nunca puede habitar la verdadera felicidad.

Fuente original: Minuto30

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