La inflación golpea más duro a los pobres: por qué es el peor impuesto que existe

La inflación actúa como un impuesto invisible que afecta a todos, pero castiga especialmente a los colombianos de menores ingresos. A diferencia de un impuesto tradicional, nadie la legisla ni la cobra explícitamente, pero reduce el poder de compra de manera inmediata. Economistas señalan que el déficit fiscal, el endeudamiento y el riesgo país son factores clave que la generan, y que el Banco de la República tiene el deber constitucional de controlarla para proteger a los más vulnerables.
Existe un impuesto que no aparece en ninguna declaración, que nadie vota en el Congreso y que sin embargo todos pagamos cada vez que vamos al supermercado. Se llama inflación, y actualmente es la carga más pesada que soportan los colombianos de menores ingresos.
A diferencia de un impuesto tradicional, la inflación actúa de manera silenciosa. Mientras que los impuestos se cobran de forma explícita a grupos específicos, la inflación reduce el dinero que tienes en el bolsillo sin que nadie te lo pida. Es como si cada peso que guardas perdiera valor poco a poco, sin que hagas nada para evitarlo. Según explican economistas, esta pérdida se transfiere de manera automática desde quienes tienen ahorros y ingresos fijos hacia quienes tienen deudas o poseen activos, generando un efecto regresivo que perjudica principalmente a los hogares pobres.
Para entender por qué golpea más a los pobres, imagina tu salario mensual. Una persona de altos ingresos gasta el 30% de su dinero en alimentos y transporte. Una persona pobre destina el 70% o más a eso. Cuando suben los precios de la comida y el transporte, el rico tiene margen para apretarse un poco más en otros gastos. El pobre no tiene dónde apretarse. Además, mientras que un trabajador formal puede negociar un ajuste salarial para compensar la inflación, la mayoría de los informales colombianos no tiene esa posibilidad. Su ingreso real cae mes a mes, profundizando la desigualdad.
Económicamente, la inflación también distorsiona las decisiones de todos. Las familias empiezan a consumir anticipadamente por miedo a futuras alzas. Las empresas dejan de invertir en proyectos a largo plazo. El dinero que la gente debería ahorrar lo gastan hoy, porque saben que mañana valdrá menos. Esto debilita la economía y reduce la productividad del país.
Según Edgar Jiménez, profesor del Laboratorio Financiero de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, "en momentos de presión inflacionaria las personas de bajos ingresos pagan más, comparativamente que alguien de mayores ingresos". El economista señala que la Constitución le encargó al Banco de la República mantener la inflación entre 2% y 4%, precisamente porque afecta desproporcionadamente a los pobres. Pero hay un problema: Jiménez advierte que "las tasas de interés están altas en parte por el mismo Gobierno, debido al déficit fiscal, la deuda y el nivel de riesgo".
Esto toca un punto fundamental. El Banco de la República tiene como herramienta principal las tasas de interés para controlar la inflación. Cuando sube la tasa, el crédito se vuelve más caro y la gente consume menos, lo que enfría los precios. Pero según Jiménez, "con tasas de los títulos del Gobierno por encima del 13%, no hay coherencia, y eso también influye en la inflación". Esto significa que el propio Gobierno, a través de su endeudamiento, está generando presiones que dificultan el trabajo del banco central.
Jorge Restrepo, otro economista consultado, lo resume así: "Por esto es que la inflación la pagamos todos en cada uno de los consumos que hacemos en pesos porque, a medida que avanza el aumento de forma generalizada de los precios al consumidor, tenemos menor capacidad de compra. Quienes sí se pueden proteger de este aumento generalizado de los precios son, por ejemplo, los rentistas de capital y los propietarios de las empresas que logran trasladarle porque no tienen competencia el aumento de los precios a los consumidores. Pero esto es una minoría privilegiada en la sociedad". La realidad es que mientras algunos pueden defenderse con propiedades, inversiones o negocios propios, la mayoría de colombianos simplemente ve cómo su dinero vale menos.
Fuente original: Portafolio - Economía