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La Guajira reclama servicios básicos y seguridad para salir del estancamiento

Fuente: Diario del Norte

La falta de agua, energía y seguridad en La Guajira mantiene el departamento rezagado en desarrollo, según un análisis que señala la negligencia administrativa como responsable. El agua es la crisis más urgente: Riohacha recibe servicio apenas una vez por semana en algunos barrios. La región posee recursos naturales valiosos y talento humano que emigra por falta de oportunidades, pero sin servicios básicos eficientes es imposible avanzar.

La Guajira se debate en un círculo vicioso del que parece difícil escapar. Mientras otros territorios del mundo se han levantado de la pobreza hacia el bienestar, el departamento permanece estancado, atrapado por dos enemigos constantes: servicios públicos deficientes e inseguridad. Esto no es casualidad. Es el resultado de años de gobiernos y representación política que poco han hecho por sacar adelante esta tierra.

La realidad más cruda es la del agua. En Riohacha, el principal distrito de La Guajira, el servicio es una lotería. Algunos barrios reciben agua una sola vez por semana durante pocas horas. Otros apenas dos veces al mes. Mientras tanto, existe un depósito natural de 200 millones de metros cúbicos de agua sin usar, un cercado gigante que permanece estancado sin que nadie haya gestionado su aprovechamiento. La paradoja es brutal: un territorio que produce energía para el país a través del gas, carbón y proyectos de energía eólica y solar, pero su gente no tiene agua para beber, cocinar o limpiar.

Esto ha generado una fuga masiva de talento. Jóvenes profesionales, con anhelos de emprender y producir, se ven forzados a emigrar hacia otras naciones, no por voluntad sino por necesidad apremiante. Su capital intelectual y académico se pierde, llevándose consigo oportunidades que podrían transformar la región. La negligencia administrativa que permite esta situación compromete a gobiernos y representantes desde el nivel nacional hasta el local.

Detrás de esta crisis hay otra realidad incómoda: gobernantes que gestionan recursos y transferencias de la nación como negocios particulares, buscando aprobaciones en el Congreso sujetas a compensaciones políticas. Algunos de esos recursos son desviados a otras jurisdicciones, dejando a La Guajira sin su parte. Es un sistema que perpetúa el conformismo y la resignación.

La solución requiere pensar en grande. No más acueductos parcelados que son apenas mitigaciones temporales y desperdician recursos. Se necesita un plan maestro integral que conecte represas, desalinizadoras, pozos profundos y las corrientes que bajan de la Sierra Nevada y la Serranía del Perijá, con aportes mancomunados de municipios, departamento y nación. Esto demanda gestión unitaria, sentido de pertenencia y amor genuino por La Guajira. Mientras siga primando la negligencia política, el departamento seguirá pagando el precio más alto: el de sus hijos, su progreso y su esperanza.

Fuente original: Diario del Norte

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