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La Guajira reclama: ¿qué promesas traerá el próximo presidente para sus jóvenes sin empleo?

Fuente: Guajira News
La Guajira reclama: ¿qué promesas traerá el próximo presidente para sus jóvenes sin empleo?
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Con las elecciones presidenciales del 21 de junio a la vuelta de la esquina, La Guajira vuelve a sentirse olvidada en el debate nacional. El departamento enfrenta la segunda tasa de desempleo más alta del país, con más del 80% de sus trabajadores en la informalidad, lo que obliga a sus profesionales a emigrar en busca de oportunidades. Más allá de las fotos con mochilas wayuu, los guajiros exigen respuestas concretas sobre cómo los candidatos piensan transformar la realidad económica de una región que aporta gas, carbón y energía al país pero permanece como uno de los más pobres.

En cuestión de horas, Colombia elegirá nuevamente presidente. Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda buscarán la Casa de Nariño con propuestas distintas y visiones de país contrapuestas. Mientras el país se debate entre dos opciones, La Guajira sigue en su posición habitual: aguardando que alguien la nombre en serio, más allá del acostumbrado retrato con mochila wayuu y promesas que el desierto se encarga de dispersar.

Desde esta esquina del norte colombiano, donde la vivencia diaria muestra jóvenes guajiros que estudian, se esfuerzan, se gradúan y luego se van porque no encuentran dónde trabajar, surge una pregunta que duele. ¿Qué ofrece realmente a este departamento quien gane la presidencia? No es una pregunta de escritorio. Es la pregunta de alguien que ve cada día cómo el talento se va porque aquí simplemente no hay espacio.

Los números no engañan. La Guajira carga con la segunda tasa de desempleo más alta del país. Más del 80% de sus trabajadores está condenado a la informalidad. El mercado laboral es pequeño, la inversión privada brilla por su ausencia, y el empresariado local es tan débil que un profesional recién graduado tiene mejores opciones en Barranquilla o Bogotá que en su propio tierra. Eso no se llama desarrollo. Eso tiene otro nombre: abandono.

Pero aquí hay que ser justos también. La dirigencia guajira tampoco puede echarle toda la culpa a Bogotá. Dentro del mismo departamento hemos visto cómo el empleo se usa como herramienta política, el cargo público como premio partidista y la contratación como asunto de amigos. Mientras el "a dedo" siga siendo la regla y la lealtad al partido valga más que la competencia, ningún plan nacional va a reparar lo que está roto en la raíz.

La pregunta va directa entonces a quien el próximo 7 de agosto se siente en la Casa de Nariño: ¿qué piensa hacer con La Guajira? No con sus minerales, no con sus hidrocarburos, no con las regalías que desaparecen antes de tocar las manos de la gente. Con los jóvenes. Con esos recién graduados sin horizonte laboral. Con las familias que malviven en la economía informal. Con el profesional guajiro que tiene su título bajo el brazo pero tiene que emigrar porque su tierra no le da lo que merece.

La Guajira no pide favores ni compasión. Reclama lo que le corresponde: inversión de verdad, empleo formal de calidad, una apuesta productiva que reconozca el talento que genera y el aporte real que da al país. Es paradójico y doloroso que el departamento que suministra gas, carbón y energía eólica al resto de Colombia sea uno de los más pobres, uno de los más informales, uno de los invisibles cuando se habla de futuro para los jóvenes.

El voto del 21 de junio no lo decidirán solo Bogotá y Medellín. La Guajira también tiene palabra. Y aquí es donde uno piensa que precisamente eso, el voto guajiro, es lo único que parece recordar a los candidatos que existimos. Después llega el silencio.

Fuente original: Guajira News

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