La Guajira despega hacia el futuro con vuelos nocturnos y récord de pasajeros

La aviación en La Guajira ha dejado de ser un lujo para convertirse en motor de desarrollo territorial. El aeropuerto Almirante Padilla, que comenzó como una pista de tierra en los años 40, ha experimentado un crecimiento acelerado: pasó de 268 mil pasajeros en 2019 a más de 628 mil en 2024. El verdadero quiebre llegó en abril de 2026 con el inicio de vuelos nocturnos a Bogotá, posicionando a Riohacha como un nodo logístico de clase mundial.
La historia de la aviación en Colombia es, en realidad, la historia de cómo un país fragmentado por montañas y selvas aprendió a volar para no quedarse aislado. Y en esa travesía, La Guajira tiene un papel que contar.
Todo comenzó formalmente en 1919 cuando nació la Sociedad Colombo-Alemana de Transporte Aéreo, la que hoy conocemos como Avianca, convirtiendo a Colombia en pionero de la aviación comercial en América. Pero para los guajiros, el avión siempre significó algo más profundo que transporte: fue la cuerda que nos unió con el resto del país.
En los años 40 llegó a Riohacha el aeropuerto Almirante Padilla, aunque para entonces era poco más que una caseta con despachador y una pista de tierra que levantaba polvo. La región pudo haber tenido otro destino. A comienzos de los 70, se planteó construir un aeropuerto regional equidistante entre Riohacha y Maicao para servir a ambas ciudades, pero los comerciantes de la zona fronteriza se opusieron. En 1971, la Aeronáutica Civil decidió fortalecer el aeropuerto de Riohacha, pavimentando su pista y definiendo así el futuro de la conectividad guajira.
Los años 70 y 80 fueron épocas de gloria aeroportuaria. El boom minero y gasífero transformó toda la región, atrayendo empresas extranjeras y sus avionetas particulares. El aeropuerto Padilla rugía de vida. Era una puerta abierta hacia el mundo, pero también era algo más cercano: el lugar donde los paisanos esperaban a algún conocido dispuesto a llevar encomiendas a Bogotá. Un chivo en sesina, queso, camarón o las famosas cachirras de los pescadores. Todos se conocían. El aeropuerto era como una extensión de la vida cotidiana guajira.
Eso cambió aceleradamente en los últimos años. Bajo la gestión de Aerooriente, el terminal pasó de recibir 268 mil 841 pasajeros en 2019 a más de 628 mil en 2024. Hoy circulan unos 1 mil 700 viajeros diarios, y Avianca y LATAM son las líneas consolidadas. Pero el verdadero quiebre llegó en abril de 2026: el inicio de operaciones nocturnas hacia Bogotá. Este cambio abre tres puertas fundamentales. Primero, integra a Riohacha en la dinámica de grandes ciudades-región con operatividad las 24 horas. Segundo, atrae inversión al eliminar las barreras de horarios. Tercero, rompe el aislamiento temporal y posiciona a La Guajira al nivel de los principales nodos logísticos del país.
Sin embargo, la prospectiva exige más audacia. La infraestructura debe crecer a la velocidad de la ambición. La Guajira necesita evolucionar hacia lo que se conoce como aerotrópolis: un ecosistema donde el aeropuerto sea el núcleo de servicios, logística, turismo de alto nivel. Un espacio que conecte nuestra riqueza ancestral y cultural con los mercados globales a través de una aviación sostenible y modernizada.
Hoy, La Guajira despega con certeza. Cada aterrizaje trae bienestar y cada despegue representa autonomía territorial. La región guajira, esa que durante siglos fue marcada por el aislamiento, ha descubierto que el cielo no tiene fronteras.
Fuente original: Guajira News



