La Guajira clama por transformación estructural: el mapa de sus anhelos ante el nuevo gobierno

La Guajira enfrenta una encrucijada histórica donde sus anhelos de desarrollo chocan con décadas de abandono estatal. Desde el acceso al agua y proyectos de riego hasta infraestructura vial, salud y educación intercultural, la región espera que el gobierno de De la Espriella traduzca estas aspiraciones en obras concretas. El columnista Arcesio Romero Pérez presenta un diagnóstico de los grandes retos que definen el futuro del departamento.
La Guajira es una tierra de contrastes donde la sequía extrema convive con una riqueza cultural excepcional, un mar inmenso y un pueblo de fortaleza probada. Pero estos atributos no bastan cuando año tras año el desarrollo se estanca y las esperanzas se disipan. El columnista Arcesio Romero Pérez, en su análisis publicado en Guajira News, plantea que el nuevo gobierno nacional enfrenta una exigencia sin concesiones: no reformas parciales, sino una transformación estructural que resuelva las necesidades históricas de una región que ha visto postergados sus sueños de progreso.
El primer anhelo que marca el camino es tan básico como urgente: el agua. En la Alta Guajira, especialmente para las comunidades Wayuu, el acceso a este recurso va más allá de infraestructura; es cuestión de supervivencia. Romero subraya que la aspiración trasciende proyectos tradicionales: se necesitan soluciones sostenibles y culturalmente pertinentes que rompan el ciclo de escasez que ha marcado generaciones. En este contexto, los distritos de riego de Ranchería y San Juan emergen como promesas incumplidas durante décadas. Se trata de una obra que podría transformar miles de hectáreas en tierras productivas, generar empleo digno y construir soberanía alimentaria para el departamento. El columnista es claro: estos nudos burocráticos deben desatarse finalmente.
La desnutrición infantil es otro fantasma que recorre el norte del mapa. La tragedia silenciosa de niños Wayuu que pierden la vida por causas prevenibles demanda un sistema de salud que no sea solo papel, sino presencia real en territorios dispersos y de difícil acceso. La expectativa es que converjan la sabiduría ancestral con la medicina moderna en un enfoque genuinamente intercultural.
Hacia el centro, la educación y la identidad reclaman un modelo que fortalezca el Wayuunaiki sin cerrar puertas al siglo XXI. Las instituciones educativas deben ser espacios de orgullo y movilidad social, formando jóvenes que sean protagonistas de su propio desarrollo, no espectadores de la explotación de sus recursos naturales.
La infraestructura de soporte es el pilar que sostiene todas estas aspiraciones. La Guajira necesita servicios públicos de calidad en todos sus rincones: acueducto, alcantarillado, energía. Modernizar el aeropuerto Almirante Padilla de Riohacha, fortalecer los puertos para devolverle al departamento su vocación marítima histórica, y consolidar vías que no dejen aisladas veredas enteras. La Vía de la Soberanía en la Alta Guajira se convierte en símbolo de estas aspiraciones: es la conexión de comunidades históricamente aisladas, el acceso a servicios esenciales, la posibilidad de llevar productos al mercado.
Maicao, como puerta hacia el Oriente, ocupa un lugar especial. Su comercio vibrante sustenta miles de familias en esta dinámoca fronteriza con Venezuela. La expectativa es consolidarlo como un distrito comercial especial con incentivos reales e infraestructura moderna que proteja al comerciante local y al migrante. En paralelo, la frontera debe transformarse de la narrativa del contrabando a la de un espacio próspero, ordenado y seguro, donde la fuerza pública trabaje con autoridades tradicionales.
El columnista también señala que la Guajira, motor eólico y carbonífero del país, debe transitar hacia una extracción energética justa donde sus comunidades vean más que polvo: vean bienestar real. El turismo sostenible en Cabo de la Vela, la economía artesanal y cultural deben ser potenciados como motores de empleo digno. Finalmente, subraya la importancia de empoderar a la mujer en una sociedad matriarcal, y dar a la juventud alternativas reales que los alejen del reclutamiento forzado y las economías ilícitas. El anhelo final es una institucionalidad transparente donde los recursos públicos se traduzcan en obras tangibles. "Ojalá que el nuevo gobierno tenga la sensibilidad para recorrerlo, la honestidad para no borrar sus líneas y el coraje para convertir cada uno de estos anhelos en una realidad palpable. Porque La Guajira no solo merece sobrevivir a su geografía; merece florecer en ella."
Fuente original: Guajira News


