La Guajira clama por paz mientras la violencia arrebata tranquilidad y futuro
La Guajira vive bajo el acecho constante de muertes selectivas, masacres y atentados que aterrorizan a sus habitantes. Los grupos armados se han infiltrado en pueblos como Riohacha y Maicao, atrayendo a jóvenes desempleados con dinero fácil. Expertos señalan que la ubicación estratégica del departamento para el tráfico de drogas, sumada a debilidades institucionales, han alimentado este clima de miedo que toca a familias trabajadoras que luchan por sacar adelante a sus hijos.
En La Guajira, el miedo se ha vuelto tan cotidiano como el aire que respiran. Los guajiros conviven cada día con una violencia que no para: muertes selectivas, masacres, atentados. Hechos que hace unos años hubieran parecido impensables ahora son parte de la realidad de un territorio que lucha por encontrar su camino hacia un futuro mejor para sus hijos.
Lo que hace particularmente preocupante esta situación es cómo los grupos violentos han penetrado en los principales centros poblados. Riohacha, Maicao, Uribia y Dibulla no son ajenos a su presencia. Y lo más grave es cómo atraen a la población más joven. Cuando un muchacho no encuentra oportunidades de trabajo digno, cuando no ve futuro, la propuesta del dinero fácil se convierte en una tentación casi imposible de rechazar.
Hay razones concretas que explican por qué La Guajira se ha convertido en territorio estratégico para los violentos. Su ubicación geográfica la convierte en una puerta de salida clave para el tráfico de drogas. A eso súmale un control institucional débil por parte del Ejército, la Policía y la Fiscalía, y tendrás las condiciones perfectas para que estos grupos operen con relativa comodidad. Algunos analistas incluso señalan que decisiones como la Ley 418 de Paz Total, que buscaba resolver el conflicto armado, terminaron beneficiando a personajes que se movieron libremente en el departamento. Uno de esos casos fue el de 'Nain', a quien reconocieron como gestor de paz pero quien en realidad sembraba terror a través de la violencia. El Gobierno lo persigue ahora por las atrocidades que cometió en varios municipios.
Pero la salida a esta crisis no puede venir solo de arriba. Los guajiros, todos sin excepción, necesitan alzar su voz contra la violencia porque afecta el diario vivir de familias completas que trabajan honestamente. No se trata de un problema lejano: toca a maestros, comerciantes, campesinos, a cualquiera que intente vivir en paz.
Las autoridades locales tampoco pueden cargar solas con esta responsabilidad. Necesitan el apoyo permanente de la comunidad y, fundamentalmente, que el Gobierno nacional entienda que La Guajira requiere una mirada diferente, un plan integral que vaya más allá de operativos puntuales. Se necesita una estrategia que restaure la seguridad ciudadana y cierre las puertas que los violentos han abierto.
La Guajira no puede permitirse convertirse en territorio de los violentos. Este departamento tiene derecho a que sus hijos crezcan sin miedo, a que sus familias trabajen sin terror. Eso solo será posible cuando se entienda que la paz no es un lujo, sino una necesidad urgente.
Fuente original: Diario del Norte
