La fortaleza silenciosa de las madres que sostienen Colombia

En un país donde miles de hogares enfrentan dificultades económicas y sociales, las madres colombianas permanecen como la base inquebrantable de sus familias. Más allá de flores y celebraciones del segundo domingo de mayo, el columnista Alcibíades Núñez reflexiona sobre el verdadero sacrificio materno en el Caribe colombiano y hace un llamado a valorar a las mujeres todos los días, no solo en su fecha conmemorativa.
En medio de las pruebas económicas, sociales y emocionales que cargan miles de hogares en Colombia, existe una figura que no se doblega: la madre. Ella es la columna vertebral de la familia, el refugio que siempre recibe sin cobrar nada a cambio, la fuerza que sostiene generaciones enteras incluso cuando todo se desmorona. No se trata solo del acto biológico de dar vida. Es esa mujer que abandona sus propios sueños para abrir caminos a sus hijos, que permanece en vela cuando todos duermen, que aconseja, protege, corrige y ama sin esperar nada a cambio. En cada rincón del país hay historias de madres que lucharon contra la pobreza, la soledad, el dolor y el abandono para que su familia saliera adelante.
La tradición de honrar a las madres tiene raíces antiguas que vienen desde la mitología griega, donde se rendían honores a Rea, madre de los grandes dioses. Pasó por Roma con la celebración conocida como Hilaria, y el cristianismo lo transformó en un homenaje a la Virgen María, símbolo universal de amor maternal. En Colombia, esto se formalizó con la Ley 28 de 1925, firmada por el presidente Pedro Nel Ospina, que estableció el segundo domingo de mayo como el día para exaltar a las madres colombianas. Pero aquí está el punto importante: más allá de flores, serenatas y reuniones familiares, esta fecha debería convertirse en un momento donde reflexionemos colectivamente sobre el rol real de la mujer en nuestra sociedad. Porque mientras algunas madres celebran rodeadas de amor, otras enfrentan realidades crudas marcadas por el hambre, la violencia intrafamiliar, el desplazamiento forzado, las amenazas y el abandono emocional.
La región Caribe entiende profundamente lo que significa el sacrificio femenino. Son incontables las mujeres que han edificado hogares enteros vendiendo alimentos en las calles, trabajando en escuelas, universidades, oficinas, mercados e iniciativas informales. Mujeres que, a pesar de todo, continúan siendo ejemplo vivo de dignidad y perseverancia. El columnista reflexiona que esta fecha también nos invita a recordar con gratitud a esas madres valerosas que dejaron huellas permanentes en nuestras vidas: madres que educaron a sus hijos en soledad, hermanas que se convirtieron en profesionales, compañeras que luchan diariamente en instituciones educativas para formar a la juventud de sus regiones.
El mensaje es claro: necesitamos ir más allá de la celebración comercial del Día de la Madre. Se trata de un compromiso que debe ser genuino y permanente, no solo un gesto de un domingo al año. El respeto, el afecto y la protección hacia la mujer no pueden quedarse en flores marchitas. Deben ser una práctica diaria, un reconocimiento constante de que detrás de cada familia colombiana sólida existe casi siempre una mujer que ha entregado su vida entera por amor. Porque las madres no solo sostienen hogares: sostienen el corazón mismo de la sociedad colombiana.
Fuente original: Guajira News



