ÚltimasNoticias Colombia

Colombia

La estatua humana del Congo: un homenaje silencioso a Patrice Lumumba en el Mundial

Fuente: Telemedellín
La estatua humana del Congo: un homenaje silencioso a Patrice Lumumba en el Mundial
Imagen: Telemedellín Ver articulo original

Michel Nkuka Mboladinga, conocido como "la estatua humana", se mantiene inmóvil durante los partidos de Congo desde 2013 en una pose que rinde tributo a Patrice Lumumba, el líder anticolonial asesinado en 1961. Lo que muchos confunden con una cábala o superstición es en realidad un acto político profundo: el recuerdo de un hombre que luchó por la independencia y la justicia social de su país, y cuyo cuerpo fue disuelto en ácido para borrar su memoria.

En las redes sociales han proliferado las especulaciones sobre Michel Nkuka Mboladinga, el congoleño de 49 años que se ha ganado el apodo de "la estatua humana" por su capacidad de permanecer completamente inmóvil durante los noventa minutos de los partidos de su selección. Desde 2013, esta particular tradición ha cautivado la atención de aficionados alrededor del mundo, generando toda clase de teorías. Algunos creían que se trataba de una cábala futbolera, esa superstición que repiten jugadores y hinchas esperando atraer la buena suerte. Otros, más inclinados hacia lo místico, sospechaban que detrás de ese gesto había brujería destinada a neutralizar al equipo contrario.

Pero la verdad es mucho más profunda que cualquier ritual futbolero. Lo que Michel Nkuka mantiene vivo en esas gradas es un acto de resistencia política e histórica. Su pose icónica replica el saludo de Patrice Lumumba, el líder que encabezó la lucha por la emancipación del Congo. El gesto tiene un nombre: Lumumba Vea, que en lingala significa Lumumba vive. Y tras esa expresión hay una historia de opresión, valentía y un crimen que pretendió ser olvidado.

Patrice Lumumba nació en una de las regiones más pobres del Congo Belga y llegó a Léopoldville, la actual Kinshasa, en 1947 buscando mejores oportunidades. Su educación fue principalmente autodidacta, pero su pasión por la justicia social y sus ideales antiimperialistas lo llevaron a destacarse en movimientos asociativos indígenas. En 1958 fundó el Movimiento Nacional Congolés, una organización que soñaba con un Estado independiente y laico, libres del dominio belga que ofrecía pocas oportunidades para los congoleños.

Lumumba ganó reconocimiento entre otros líderes nacionalistas africanos y en 1960 fue elegido primer ministro de su país recién independizado. Pero su victoria fue efímera. El vacío de poder dejado por los colonos belgas desencadenó un caos político. Cuando Lumumba denunció que Bélgica estaba orquestando la secesión de la región minera de Katanga para preservar sus intereses económicos, buscó apoyo en la Unión Soviética. Ese fue su error fatal. Durante la Guerra Fría, cualquier acercamiento al bloque soviético era visto como una amenaza existencial por Occidente, especialmente por Estados Unidos y Bélgica.

El 14 de septiembre de 1960, apenas tres meses después de asumir, Lumumba fue derrocado en un golpe de Estado orquestado por el coronel Mobutu Seke Seko. Menos de un año después, el 17 de enero de 1961, fue torturado y ejecutado a manos de rebeldes de Katanga, con la connivencia de la policía y los militares belgas. Según el testimonio del comisionado de policía belga Gerard Soete, su cuerpo fue disuelto en ácido junto al de otros líderes congoleños para eliminar cualquier rastro de su existencia.

Con apenas 35 años, Patrice Lumumba se convirtió en mártir de la lucha anticolonial africana, símbolo de la sed de justicia y libertad que desafiaba el imperialismo occidental. Hoy, sesenta y cinco años después de su muerte, Michel Nkuka lo mantiene vivo de la forma más poderosa que existe: desafiante e inmóvil, en las tribunas de un estadio mientras el mundo mira.

Que este acto ocurra en un Mundial celebrado mayoritariamente en Estados Unidos, país que ha enfrentado señalamientos por violaciones a derechos humanos y maltrato a delegaciones extranjeras, añade otra capa de significado a ese silencio. El fútbol, al final, siempre ha sido un lenguaje del pueblo. Y el pueblo, como Lumumba supo, siempre encuentra la manera de contar su propia historia, aunque sea con el cuerpo quieto en una cancha.

Fuente original: Telemedellín

Noticias relacionadas