La Escalera: donde las palabras se convierten en peldaños para transformar vidas en San Andrés

En el sector de Black Dog, San Andrés funciona La Escalera, un espacio cultural que alberga varios proyectos liderados por la Fundación Mamaroja. Entre ellos están la Feria del Libro, el Jardín de las Palabras y laboratorios de artes. La apuesta central es que ampliar el vocabulario y acceso a la cultura reduce la violencia y la exclusión social. Los proyectos ya han llegado a más de 60 niños y tienen planes de expansión hacia otros barrios de la isla.
San Andrés es una isla de postales paradisiacas, pero bajo esa belleza conviven historias difíciles que no siempre salen a la luz. En el sector de Black Dog, en la esquina con la avenida 20 de julio, funciona La Escalera, un espacio cultural pensado precisamente para conectar con historias diferentes, para abrir espacios donde la esperanza y la creación sean protagonistas frente al ruido de las redes sociales y los conflictos que parecen ser el único tema de conversación.
La Escalera es una nave que aloja varios proyectos bajo el paraguas de la Fundación Mamaroja. Allí conviven la Feria del Libro de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (FILSAi), el Jardín de las Palabras, laboratorios de artes escénicas y plásticas, y Hikity, una biblioteca que acaba de comenzar. Cada iniciativa tiene su propia historia y su propio equipo. FILSAi, la más consolidada, se realiza cada año en septiembre y cuenta con su propio sello editorial, La Raya en el Ojo, que ya ha publicado catorce títulos de autores del archipiélago.
El Jardín de las Palabras lleva tres años funcionando en el barrio de Las Tablitas, con apoyo de la Fundación Decamerón. Más de 60 niños han participado en esta experiencia de lectura lúdica. Una de las docentes del proyecto, Soledad García Oñoro, cuenta que "gracias a El Jardín de las Palabras, concebido como un taller permanente de lectura, hemos visto un 'antes y un después' en los procesos de lectura de los niños, en la disciplina de asistir a algo que no es obligatorio, en su receptividad y comportamiento". Junto a esto funcionan laboratorios de artes plásticas dirigidos por el artista Giovanni Marín, y espacios de artes escénicas administrados por la Fundación Transatlántico, que ya lleva más de 30 años de trayectoria en el Caribe y es responsable del Festival Ethnic Roots.
Detrás de esta apuesta cultural hay una idea central que conecta todos los proyectos: según estudios que menciona quienes lideran la iniciativa, la desigualdad en el acceso a bienes culturales genera exclusión social, pero un mayor desarrollo del lenguaje favorece la resolución no violenta de conflictos. En otras palabras, a mayor vocabulario, menor violencia. Esto cobra sentido cuando se menciona que durante los talleres se descubrió que niños no conocían palabras como esperanza, ternura o entusiasmo ni en español, ni en inglés, ni en creole. En cambio, sí conocían y conjugaban formas de la palabra muerte en los tres idiomas.
La continuidad es clave en esta apuesta. Mariamatilde Rodriguez, quien lidera la Fundación Mamaroja, enfatiza que "la presencia permanente es indispensable para generar confianza. Queremos hacer una transformación a partir de ahí". Por eso el trabajo comenzó en Las Tablitas y ya se extiende a barrios como Morris Landing, Barkers Hill y el centro. En 2026 esperan llegar a más sectores. Las memorias de los talleres de 2025, compiladas bajo el nombre RELATA, se traducirán al creole para que el material pueda circular en comunidades como Barkers Hill.
Hikity, la biblioteca que pronto abrirá sus puertas completamente, representa una alianza sin precedentes entre Mamaroja Company, Piknini Foundation, la Fundación L'Aquilone de Suiza y el FOSIT. La idea es contar con libros en varios idiomas y programación continua que permita encuentros entre niños de diferentes culturas y lenguas que conviven en la isla.
Estos proyectos son peldaños. Peldaños para que niños abusados encuentren historias que los salven. Peldaños para que en una isla donde parecen existir cantones aislados, las personas se reconozcan mutuamente. Peldaños para que las palabras lleven consigo la posibilidad de nombrar lo que se siente y de construir mundos distintos a los que la violencia silenciosa ha impuesto bajo la sombra de un paisaje de ensueño.
Fuente original: El Isleño

