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La diplomacia real de Carlos III logra lo que políticos no pudieron: aplacar a Trump

Fuente: France 24 - Europa
La diplomacia real de Carlos III logra lo que políticos no pudieron: aplacar a Trump
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El rey Carlos III visitó Estados Unidos durante cuatro días y consiguió lo que parecía imposible: bajar la tensión diplomática con Donald Trump tras semanas de conflicto entre Londres y Washington por el apoyo británico negado a bombardeos en Irán. Trump anunció la eliminación de aranceles al whisky escocés, un regalo para la economía británica que exporta 1.200 millones de dólares anuales a Estados Unidos. Expertos señalan que el "soft power" de la monarquía fue más efectivo que las negociaciones políticas tradicionales, aunque advierten que la paz podría ser temporal.

Cuando el rey Carlos III se despidió de Donald Trump en la Casa Blanca, pocas horas después el presidente anunciaba por su cuenta Truth Social que levantaba los aranceles y restricciones al whisky escocés. "El rey y la reina consiguieron que hiciera algo que nadie más había podido hacer, casi sin pedírmelo. Un gran honor tenerlos a ambos en Estados Unidos", escribió Trump. El gesto es más que simbólico: el Reino Unido había visto caer sus exportaciones de whisky un 15 por ciento desde que Trump aplicara esas tarifas, y Estados Unidos representa mil 200 millones de dólares anuales para la industria escocesa.

La visita oficial llegaba después de semanas tensas. El primer ministro británico Keir Starmer se había rehusado a respaldar los bombardeos estadounidenses e israelíes contra Irán, llevando la relación transatlántica a uno de sus puntos más bajos desde 1956. Nadie esperaba que cuatro días de pompa real, banquetes y protocolo pudieran cambiar el panorama. El rey respondió con "sincera gratitud" al gesto de Trump, calificándolo como un "cálido gesto que hará una importante diferencia para la industria británica".

Tim Oliver, director del Institute for Diplomacy and International Affairs de la Loughborough University London, califica la visita como "todo un éxito". Según Oliver, "el rey y la reina recordaron a los líderes estadounidenses, especialmente al Congreso y al presidente, no solo los beneficios de la relación con el Reino Unido, sino también la importancia de las relaciones con el resto del mundo democrático y la necesidad de defender los valores compartidos. El rey lo hizo con una compostura que suele estar ausente en la política estadounidense".

Laura Pérez Cisneros, experta en monarquía, coincide en el análisis. Destaca que Carlos "dio una cátedra magistral de cómo el llamado soft power puede tener la capacidad de limar y descongelar relaciones como fue el caso, sobre todo porque el monarca supo aplicarlo con un presidente como Trump, que no escucha, que no negocia y que está acostumbrado solo a mandar". La familia real británica demostró ser el activo diplomático más poderoso con el que cuenta el gobierno de Londres frente a Trump.

Lo más político vino en el discurso ante el Congreso estadounidense, el más explícitamente político de su reinado según analistas. Allí, Carlos defendió claramente la OTAN en momentos en que Trump cuestiona a sus aliados europeos. También resaltó la importancia de apoyar a Ucrania contra Rusia y, como naturalista convencido, habló de proteger el medio ambiente. "Al mirar hacia los próximos 250 años, también debemos reflexionar sobre nuestra responsabilidad compartida de salvaguardar la naturaleza, nuestro bien más preciado e irremplazable", afirmó el rey. Trump, emocionado, incluso contó que su madre "estaba enamorada de él".

Sin embargo, Oliver advierte sobre las expectativas: "Era predecible que Trump se deshiciera en halagos sobre las buenas relaciones, pero no olvidemos que es probable que en pocos días se haya olvidado por completo de la visita y no le importe lanzar quejas e insultos contra el Reino Unido o Keir Starmer". La "relación especial" entre ambos países, forjada desde la Segunda Guerra Mundial, sigue siendo profunda, pero las causas de la fricción ideológica con Trump no han desaparecido. La paz diplomática conseguida en Washington podría ser, al fin y al cabo, tan efímera como la atención que Trump presta a los asuntos que no satisfacen sus intereses inmediatos.

Fuente original: France 24 - Europa

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