La crisis energética obliga a líderes mundiales a elegir entre principios y pragmatismo ante la guerra en Irán

La volatilidad en los precios del petróleo tras la tensión en el estrecho de Ormuz está fracturando las posiciones geopolíticas de gobiernos europeos. Mientras Trump promete una solución rápida, países como Hungría, Reino Unido y Alemania buscan respuestas que van desde liberar reservas hasta fijar precios máximos. El dilema es complejo: mantener sanciones contra Rusia o ceder ante su oferta como proveedor alternativo de energía, una decisión que podría redefinir alianzas internacionales.
El 20 por ciento del petróleo mundial transita por el estrecho de Ormuz, ese paso crítico controlado por Irán que hoy es el epicentro de una tormenta energética global. En apenas un día, el 9 de marzo, el barril saltó a 119 dólares, su punto más alto desde 2022, para luego caer más del 11 por ciento cuando Donald Trump aseguró que "la guerra está prácticamente terminada". Esa montaña rusa de precios muestra cuánto depende la economía mundial de las palabras presidenciales y de la estabilidad en una región donde nada parece estable.
El problema es que la promesa de Trump de una salida rápida choca con la realidad sobre el terreno. Irán ha comenzado a colocar minas en el estrecho, bloqueando la navegación comercial. Los principales productores están respondiendo con recortes drásticos: Arabia Saudita reduce su producción, Kuwait hace lo propio, e Irak ha caído casi un 60 por ciento, pasando de 4,3 millones de barriles diarios a menos de 1,8. Simon Flowers, presidente de Wood Mackenzie, advirtió a Reuters que "cuando termine el conflicto, acelerar la cadena de suministro no será rápido". Reiniciar pozos cerrados durante semanas puede tomar incluso meses.
Ante esta realidad, los gobiernos actúan sin coordinación. Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, prohibió las exportaciones de petróleo y gasolina, estableció un precio máximo para vehículos húngaros y liberó reservas equivalentes a 45 días. En Reino Unido, la ministra de Finanzas Rachel Reeves pidió a las principales economías liberar sus reservas petroleras de emergencia, temiendo que la inflación más alta del G7 lleve a subsidiar hogares otra vez como sucedió en 2022 cuando la invasión a Ucrania costó 53 mil millones de dólares. "Cuanto más tiempo dure esto, más probable es que haya un impacto en nuestra economía", reconoció el primer ministro Keir Starmer.
Lo más delicado es el dilema geopolítico que emerge. Europa se ha unido en torno a Ucrania, pero la solución que Trump propone de relajar sanciones a Rusia no es bienvenida. El canciller alemán Friedrich Merz dejó clara la posición: "Si tenemos que elegir entre sanciones y solidaridad, nuestra actitud está clara, estamos del lado de Ucrania". Sin embargo, Nelson Baldeón, consultor en geopolítica energética, es escéptico sobre si esta posición aguantará. "El precio del barril no tiene ideología, porque nadie quiere una revolución interna", explicó a France 24. Rusia, como el mayor productor alternativo disponible, es el principal ganador potencial de este conflicto. "Los mismos europeos terminarán viendo con buenos ojos sobre todo el gas ruso", pronostica Baldeón.
Francia planea abordar el tema en la cumbre del G7 este miércoles 11 de marzo, aunque los ministros de energía del grupo ya fracasaron en llegar a un acuerdo sobre liberar reservas. Emmanuel Macron y su canciller Jean-Noël Barrot apuestan por "la desescalada más rápida posible" sin participar en el conflicto. La pregunta que flota en los despachos de poder es si los gobiernos podrán mantener sus principios o si la presión energética los obligará a ceder ante el pragmatismo, aunque ello signifique reconectar con Rusia y reconfigurar las alianzas que parecían sólidas hace poco. La energía, como señala Baldeón, tiene una lógica que no negocia con ideologías.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



