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La clave está en quienes aún no votan: la mayoría silenciosa que definirá la legitimidad del próximo gobierno

Fuente: Guajira News
La clave está en quienes aún no votan: la mayoría silenciosa que definirá la legitimidad del próximo gobierno
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La primera vuelta presidencial mostró que la mayoría de colombianos ya tiene claro el rumbo que quiere para el país. Pero la verdadera prueba será la segunda vuelta, cuando esa mayoría se traduzca en un mandato contundente. El desafío ahora es que salgan a votar quienes comparten las preocupaciones pero aún no participan, porque la abstención y los votos en blanco no construyen alternativas de gobierno.

El resultado de la primera vuelta presidencial dejó algo claro que algunos todavía se rehúsan a aceptar: los colombianos ya decidieron hacia dónde quieren llevar el país. Esa mayoría que votó en las urnas tiene ahora una tarea aún más grande: convertir esa victoria electoral en un mandato lo suficientemente fuerte para gobernar con legitimidad.

Lo que pasó el domingo no fue casualidad. Fue la expresión de un sentimiento que ha crecido silenciosamente durante años. Se vio en las ciudades, en las regiones, en los jóvenes que piden oportunidades y en las familias que quieren recuperar la confianza en el futuro. Esa gente entendió que Colombia necesita recuperarse, fortalecer sus instituciones, recuperar el valor del mérito, proteger la libertad económica y garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

Pero aquí viene lo que importa: ganar una elección no es lo mismo que construir un mandato. La legitimidad del poder no nace solo de una victoria. Nace cuando los ciudadanos hablan con tal claridad que no queda duda sobre el rumbo que quieren darle a la nación. Por eso la segunda vuelta no debe ser simplemente una confirmación de la primera. Debe ser la consolidación de una mayoría nacional que le permita al próximo presidente gobernar con el respaldo inequívoco de las urnas.

Y es precisamente ahí donde aparece lo que falta: la mayoría silenciosa. Esos ciudadanos que comparten las preocupaciones de quienes ya votaron, pero que todavía no han decidido participar. Están en los barrios, en las universidades, en el comercio, en el campo, en los emprendedores que arriesgan su patrimonio cada día, en los trabajadores que madrugan para sostener a sus familias. Están en millones de colombianos que sienten inconformidad frente al rumbo del país pero no la han convertido en participación electoral.

La realidad es que en una segunda vuelta no existen puntos intermedios. Cada colombiano que decide no votar entrega a otros la facultad de decidir por él. Los votos en blanco son una posición respetable, pero en una elección de esta magnitud dejan que otros tomen decisiones trascendentales. Colombia tendrá presidente y ese presidente será uno u otro. No hay tercera opción, no hay tercera vuelta. Simplemente deja que otros decidan.

Esa mayoría que falta tiene en sus manos algo más importante que una elección: tiene la legitimidad del próximo gobierno. Una victoria estrecha gana una elección, pero una mayoría contundente construye un mandato real. Y eso es lo que el país necesita: un presidente con el respaldo suficiente para enfrentar los desafíos que vienen, recuperar la confianza en las instituciones, fortalecer la seguridad, impulsar la inversión y devolver la estabilidad que reclama la mayoría de los colombianos.

La primera vuelta permitió derrotar una candidatura. La segunda debe permitir derrotar la candidatura y la abstención. No basta con ganar. Hay que ganar con la fuerza suficiente para gobernar. Hay que ganar con la autoridad que otorga una mayoría contundente. Esa mayoría silenciosa sigue allí, entre las urnas y el sofá, entre la resignación y la participación. Cuando despierte, Colombia no solo elegirá presidente. Colombia hablará con una voz que nadie podrá ignorar.

Fuente original: Guajira News

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