La ciudadanía cultural: nuestra responsabilidad ante la crisis de las artes
Los cines cerraron 2025 con caídas de hasta 10% en Colombia. Ante esta crisis, expertos hablan de "ciudadanía cultural": la idea de que quienes amamos el arte somos responsables de sostener librerías, teatros, conciertos y espacios culturales. No basta con organizar eventos; debemos participar, invertir nuestro tiempo y dinero, y valorar lo que la cultura nos ofrece antes de que desaparezca.
La noticia llegó como un golpe a mitad del año: los cines de Colombia cerraron 2025 con una caída del 10% en recaudos frente a 2024. En España pasó algo parecido, con una baja del 8%. No es un problema solo nuestro, pero sí es una alarma que suena cada vez más fuerte. Y aunque duele reconocerlo, esta crisis del séptimo arte también es una oportunidad para aprender antes de que otras industrias artísticas terminen igual.
De esa urgencia por encontrar soluciones ha surgido un concepto que ya circula en conversaciones de gente pensante: la ciudadanía cultural. Se trata de entender que quienes amamos el cine, la literatura, la música o el teatro formamos un gremio, tal como lo hacen los fanáticos del deporte, la gastronomía o los videojuegos. Y si somos parte de esa comunidad, entonces somos los únicos que podemos salvar nuestros propios espacios de expresión.
El primer paso es tan obvio como olvidado: participar. De nada sirve organizar la mejor feria del libro o el festival de teatro más ambicioso del planeta si los que amamos estas cosas no nos presentamos. Ya sea pagando entrada, asistiendo de forma gratuita o incluso desde una pantalla, nuestra presencia tiene valor. Sí, a veces cuesta: llueve, hace frío, preferimos el sofá. Pero hay algo irremediablemente noble en simplemente estar allí cuando la cultura sucede.
El segundo principio es invertir, y no solo hablamos de dinero. Una librería no sobrevive sin que se compren libros, un cine no resiste si nadie ve películas. Sus facturas no son baratas. Por eso cada peso cuenta: desde un regalo de cumpleaños comprado en la tienda del barrio en lugar de en una cadena grande, hasta una recomendación genuina en redes de ese artista desconocido que nos cautivó, o un "me gusta" que ayude al algoritmo a visibilizar su trabajo. Al final, la cultura no se trata de hacerse millonario. Se trata de poder abrir un día más, escribir una página más, tocar una canción más.
Una ciudadanía cultural sólida es lo único que nos salvará de lamentar mañana todo aquello que amábamos y que desapareció simplemente porque no supimos apreciarlo.
Fuente original: Periódico La Guajira

