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La champeta y los picós ya son Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia

Fuente: Minuto30

El Ministerio de las Culturas declaró oficialmente la champeta y la cultura picotera como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. El reconocimiento protege no solo la música, sino también el baile, los picós, la tradición oral y las prácticas comunitarias del Caribe colombiano. La decisión, anunciada el 21 de mayo en Cartagena, obliga a autoridades locales a destinar recursos para preservar estas expresiones culturales que históricamente han sido estigmatizadas.

Después de años de trabajo colectivo, la champeta y toda la cultura que gira alrededor de los picós recibieron el reconocimiento que se merecían. El Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes hizo oficial lo que muchas comunidades ya sabían: que esta tradición del Caribe colombiano es mucho más que música de barrio. Es patrimonio vivo de la nación.

La declaratoria se entregó el 21 de mayo en Cartagena, precisamente el Día Nacional de la Afrocolombianidad. En el acto participaron portadores de tradición, artistas, líderes comunitarios y organizaciones culturales que durante décadas han defendido estas expresiones desde los barrios populares. Con esto, la champeta deja de ser vista solo como algo típico de Cartagena para convertirse en patrimonio protegido en todo el país.

Lo interesante es que el reconocimiento va mucho más allá de los ritmos y las letras. El Plan Especial de Salvaguardia que aprobó el Ministerio también protege los bailes tradicionales, los picós mismos, la tradición oral de las comunidades, los festivales callejeros, las fiestas barriales, los grafitis pintados a mano y todas esas formas de encuentro comunitario que le dieron forma a esta cultura. Se reconoce el trabajo de quienes construyen y operan los picós, considerados uno de los símbolos más representativos, y los conocimientos que se transmiten de generación en generación en los espacios más populares.

Este es un paso importante porque reconoce problemas históricos que han acompañado a la champeta: el racismo, el clasismo y la criminalización de los picós y las comunidades que los frecuentan. El plan también identifica riesgos reales, como la pérdida de conocimientos artesanales en la construcción de equipos de sonido y la desaparición de archivos históricos de una tradición que lleva décadas viva en las calles.

Ahora, las administraciones locales y departamentales tienen una responsabilidad clara: deben destinar recursos y promover acciones para preservar y fortalecer estas manifestaciones. Eso significa financiar festivales, encuentros culturales, espacios de formación, iniciativas de memoria e investigación sobre la champeta y la cultura picotera. El documento también enfatiza la necesidad de documentar la historia, formar nuevas generaciones en estos saberes y garantizar que las prácticas artesanales no desaparezcan.

Detrás de esta declaratoria hay nombres propios: investigadores, artistas, bailarines, constructores de picós y gestores comunitarios que trabajaron durante años para que se reconociera lo que siempre supieron. Fundaciones como Roztro de Cartagena jugaron un papel clave en la formulación del plan. Fue un trabajo colectivo desde abajo, desde quienes viven esta cultura todos los días, no desde los escritorios.

Con esta decisión, Colombia finalmente reconoce que la champeta es música, sí, pero también es barrio, es memoria, es oralidad, es fiesta, es identidad afroCaribe y es una forma de resistencia popular que merece protección y respeto. Eso es un paso histórico para un país que durante mucho tiempo miró con desprecio lo que sus comunidades más vulnerables creaban con alegría.

Fuente original: Minuto30

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