La Ascensión: un llamado a mirar al cielo y actuar en la tierra

La festividad de la Ascensión invita a los cristianos a vivir una experiencia en dos momentos: primero, contemplar a Jesús y su gloria divina; segundo, salir al mundo a evangelizar y construir el reino de Dios. Se trata de una fe que no se queda en la oración, sino que se traduce en acción concreta hacia los más necesitados. El mensaje central es que celebrar este misterio significa tanto rendirse ante lo sagrado como comprometerse con la transformación de la realidad.
En tiempos donde el ajetreo diario nos tiene pegados a lo terrenal, la Ascensión del Señor trae un recordatorio urgente: levanta la mirada. Así lo plantea una reflexión que invita a los cristianos a vivir este misterio en dos momentos complementarios. El primero es detenerse para contemplar, hacer tributo a la gloria y poder de Jesús. El segundo es ponerse en movimiento: evangelizar, bautizar y llevar el mensaje a todos los pueblos.
Hemos perdido, según esta perspectiva, el respeto por lo sagrado. Estamos tan ocupados en las cosas mundanas que hemos olvidado alzar los ojos hacia Dios. No se trata de una contemplación escapista, sino de encontrar en esa mirada hacia el cielo la fuerza y esperanza necesarias para construir el reino de Dios aquí abajo. La Ascensión tiene un contenido que nos ayuda a pensar en la restauración de todas las cosas en Cristo, en la idea de que el proyecto divino es que el Señor reine sobre toda la historia de la humanidad.
Una leyenda judía ilustra bien esta tensión entre oración y acción. Cuenta que los miembros de una comunidad sospechaban que su rabino se encontraba en secreto con Yahvé cada viernes. Encargaron a alguien que lo siguiera para confirmar sus encuentros divinos. El espía descubrió algo inesperado: el rabino se disfrazaba de campesino y atendía a una mujer pagana paralítica, limpiando su cabaña y preparando su comida del sábado. Cuando le preguntaron si lo había visto ascender al cielo, respondió: "No, ha subido aún más arriba".
El segundo tiempo de la Ascensión es justamente ese: ir a todo el mundo. No se trata de quedarse mirando el cielo, sino de convertir esa contemplación en acción. Los discípulos fueron enviados con tres tareas concretas: evangelizar, bautizar y enseñar. Guardar lo que Cristo mandó significa cuidar con esmero, proteger y obedecer. Es una evangelización integral, transformadora, que llega especialmente a los pobres y a quienes aún no conocen el mensaje.
Cuanto más profundamente se entienda el misterio de la Ascensión, señala este análisis, con más empeño nos adentraremos en los dolores y necesidades de los más vulnerables. Celebrar esta festividad con gozo en el corazón implica comprometerse con llevarles el evangelio, los sacramentos y la caridad cristiana. De esta manera, cada creyente aporta su grano de arena en la construcción del reino de Dios. La fe cristiana, entonces, no es un acto solitario de contemplación, sino una experiencia que integra lo espiritual con la acción transformadora en el mundo.
Fuente original: El Isleño

