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La apuesta millonaria de China por ciudades vacías: ¿especulación o futuro?

Fuente: BBC Mundo - Economía

China construyó Kangbashi, una ciudad para un millón de personas que hoy alberga apenas 50.000, invirtiendo más de 160.000 millones de dólares. Este es el ejemplo extremo de una estrategia de urbanización masiva que genera ciudades fantasma, alimentada por especulación inmobiliaria y un modelo económico que depende del sector construcción. El gobierno insiste en continuar con este plan pese a señales de agotamiento en el mercado de vivienda.

En las estepas de Mongolia Interior, en el norte de China, existe una ciudad que parece sacada de una película de ciencia ficción: tiene autopistas anchas, edificios gigantescos, parques impecables y enormes centros comerciales y deportivos. Lo que le falta es lo más importante: gente. Kangbashi fue construida en 2006 con la ambición de albergar a un millón de habitantes, pero después de invertir más de 160.000 millones de dólares, apenas logró atraer a 50.000 personas. El resultado es un paisaje inquietante de avenidas solitarias y estructuras vacías que la convirtieron en símbolo de los excesos de la urbanización china.

La historia de Kangbashi nace en la prosperidad. La región de Ordos, apodada la "Texas china", vivió una bonanza económica tras el descubrimiento de carbón, gas natural y materias primas llamadas tierras raras, que son cruciales para la industria electrónica mundial. Esta riqueza llevó a que en 2003 las autoridades decidieran construir una ciudad satélite que atrajera a los habitantes de la cercana Dongsheng y capturara el interés de los 200 millones de migrantes internos de China. Los cálculos fueron, según los expertos, "estrafalariamente optimistas". Alistair Chan, analista de Moody's Analytics, explica que "las ciudades fantasmas han sido uno de los mecanismos básicos de la modernización china", pero advierte que Kangbashi fue resultado de "una mala planificación en términos de la demanda que iba a haber en un lugar tan aislado".

Sin embargo, Kangbashi está lejos de ser un caso único. En 2013 se construyeron unas 20 ciudades fantasma chinas bajo el lema "construyamos primero que se habitarán después". Algunos proyectos funcionaron: Shenzhen pasó de ser un pueblo de pescadores a un gigantesco centro comercial, y el distrito de Pudong en Shanghái, hoy con cinco millones de habitantes, fue tan vacío como Kangbashi antes de convertirse en un polo financiero. Pero junto a estos éxitos aparecieron caprichos como la "Manhattan china" en Tianjin o "Thames Town" en Shanghái, una réplica de una ciudad inglesa que hoy permanece semidesierta.

Detrás de esta fiebre constructora hay un incentivo perverso: la tierra pertenece al Estado chino y los gobiernos locales dependen de la venta de terrenos para financiar sus presupuestos. Esto, combinado con la explosión de una clase media urbana que supera numéricamente a toda la población estadounidense, convirtió el sector inmobiliario en una máquina de especulación financiera. Cuando en 2008 China lanzó un masivo programa de inversión para evitar la recesión global, los bancos abrieron las compuertas del crédito. El resultado fue una burbuja monumental que ha comenzado a mostrar grietas.

Las señales de cansancio son cada vez más visibles. Las ventas inmobiliarias cayeron más del 10% entre enero y mayo de 2014, y en junio la caída se extendió a 71 de las 100 principales ciudades chinas. Ni siquiera Pekín escapó, con una caída del 34,8%. Según analistas de Moody's, "mucha gente compró una segunda casa en Kangbashi convencida de que se estaba creando un nuevo centro económico. Como esto no sucedió, ha habido una fuerte caída de los precios". Los cálculos sugieren que los préstamos incobrables relacionados con este sector podrían alcanzar los 3 billones de dólares, aproximadamente una tercera parte del PIB chino.

El dilema para el gobierno es complejo: la economía china se ha vuelto adicta al sector construcción. Según economistas de la consultora Nomura, cada seis puntos de caída en la inversión inmobiliaria implica perder 1% del crecimiento del PIB. Por eso, incluso reconociendo los problemas, Pekín anunció en marzo un "Nuevo Plan de Urbanización Nacional 2014-2020" por 7 billones de dólares. El mensaje es claro: el gobierno seguirá apostando a más ciudades, aunque sea creando más ciudades fantasma. Mientras tanto, los pocos habitantes de Kangbashi disfrutan de subsidios en transporte, vivienda y servicios que serían impensables en otras urbes chinas. Como señaló una migrante de Guangzhou al periódico Vagabondjournet, "acá toda la gente se conoce. En Guangzhou hay demasiada gente, un tráfico insoportable. Me encanta la frase 'no hay mucha gente'".

Fuente original: BBC Mundo - Economía

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