Kharg: la isla petrolera que divide a Washington e Israel en su estrategia contra Irán

La isla iraní de Kharg concentra casi el 90% de las exportaciones de petróleo de Irán y es considerada un objetivo estratégico clave por Israel y Estados Unidos. Sin embargo, los expertos señalan que atacarla directamente desencadenaría una escalada peligrosa del conflicto y tendría repercusiones económicas globales. Washington y Tel Aviv estudian alternativas como operaciones terrestres o ciberataques en lugar de bombardeos convencionales.
En el corazón de la tensión entre Irán y Occidente se encuentra una pequeña isla que concentra el poder económico del régimen iraní. Kharg, ubicada a apenas veinte kilómetros de las costas del Golfo Pérsico, es una franja de tierra de unos 20 kilómetros cuadrados completamente cubierta de infraestructuras petroleras. Desde hace décadas, por aquí fluye la sangre de la economía iraní: casi el 90 por ciento de las exportaciones de petróleo del país pasan por este territorio, lo que conecta a Teherán con la economía mundial.
Para Washington e Israel, Kharg representa un objetivo militar de primera línea. Militares estadounidenses han mencionado planes para tomar la isla, según reportes de medios occidentales. El exprimer ministro israelí Yair Lapid fue más directo: "Hay que destruir todas las infraestructuras energéticas de la isla de Kharg para poner de rodillas a la economía iraní", declaró el sábado 7 de marzo. Pero aquí surge el dilema: durante los bombardeos israelíes y estadounidenses de este fin de semana contra infraestructuras petroleras iraníes, estas instalaciones fueron completamente ignoradas. ¿El motivo? Los expertos advierten que atacarla traería consecuencias impredecibles.
La importancia de Kharg radica en su ubicación geográfica única. Las aguas poco profundas del Golfo Pérsico impiden que petroleros de gran tamaño atraquen cerca de la costa iraní continental. La isla es el único puerto de aguas profundas disponible para que Irán cargue y descargue su petróleo. Desarrollada originalmente por una empresa iraní-estadounidense en los años sesenta, se convirtió durante la década de 1970 en uno de los nudos más estratégicos de la red mundial de suministro de petróleo. Irak ya lo sabía bien: durante la guerra de los años ochenta contra Irán, bombardeó Kharg sistemáticamente para quebrantar económicamente a Teherán. Las instalaciones quedaron destrozadas, pero Irán las reconstruyó y hoy son una de las zonas más fuertemente defendidas del país.
Entonces, si Israel y Estados Unidos tienen la capacidad militar para superar esas defensas, ¿por qué no atacan? Los analistas advierten sobre una escalada sin control. Si Teherán pierde Kharg, el régimen "no tendría entonces nada que perder, lo que podría empujarlo a lanzar represalias masivas contra otras instalaciones petroleras importantes de la región en Arabia Saudita o Bahrein", según especialistas citados por medios occidentales. Además, en un contexto donde los precios del petróleo ya han alcanzado niveles históricos, destruir Kharg no solo golpearía a Irán: haría subir aún más el barril a nivel global, con efectos en cascada sobre los alimentos, el transporte marítimo y la seguridad alimentaria mundial.
Washington considera otro escenario: una operación terrestre conjunta con Israel para ocupar las instalaciones en lugar de destruirlas. La lógica es clara: si el régimen actual cae, un nuevo gobierno necesitaría esas infraestructuras para estabilizar el país y retomar las exportaciones. Pero los especialistas ven este plan con cautela. Enviar tropas para tomar físicamente la isla las expondría a misiles y drones iraníes, escalando el conflicto a una dimensión completamente diferente a la campaña de bombardeos actual.
De ahí que los expertos contemplan una tercera opción menos visible pero potencialmente eficaz: ciberataques y sabotajes que afecten las infraestructuras sin necesidad de intervención militar directa. Esta estrategia permitiría "asfixiar aún más la economía iraní" sin disparar el arma más destructiva. Por ahora, Kharg sigue intacta en el Golfo Pérsico, mientras Washington e Israel deliberan qué precio están dispuestos a pagar por su control.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



